sábado, 5 de enero de 2013

MANO DE OBRA BARATA


Es curiosa la evolución del ser humano y su sometimiento al poder. Durante mucho tiempo, fue el poder de las armas. Aun hoy, desgraciadamente, en gran medida lo sigue siendo. Sin embargo, estamos viviendo unos tiempos en los que avanzamos a pasos agigantados hacia la esclavitud sin que, para ello, los opresores hayan tenido que utilizar apenas balas contra nosotros, por más que la amenaza constante de enfrentamientos armados sobrevuele siempre nuestras cabezas y forme parte de su sistema de dominación.
Con la simpleza que me caracteriza, dada mi escasa formación, una vez más reflexiono los problemas desde la sencilla observación.
Tengo la impresión de que en esta ocasión -tal vez otra vez- el sometimiento a su sistema viene de la mano de su modelo de “la fuerza del trabajo”.
Desde que vendimos nuestra mano de obra a su capital, hemos recorrido un largo camino; un camino de varios siglos.
Comenzamos viviendo para trabajar. Trabajamos sin descanso, sin derechos. Trabajamos horas y horas en sus campos, en sus fábricas, en sus casas, en sus negocios, a su servicio; siempre al servicio de los que poseían el poder del capital, el poder del dinero.
Durante un tiempo se pensó que esto tenía que ser así pero, afortunadamente, sobrevino otro tiempo en que los trabajadores, las personas sin recursos propios, se revelaron. Decidieron que aquel era un sistema injusto y comenzaron a luchar por una mayor y mejor calidad de vida, por unos derechos básicos, por una dignidad inherente al ser humano por el mero hecho de serlo. Las clases trabajadoras fueron conscientes de la injusticia que se estaba viviendo y se unieron para ponerle fin. Así se consiguieron muchas y muy importantes conquistas sociales; así pasamos a crear Estados democráticos en los que teníamos derecho a tomar parte en las decisiones en beneficio de todos; así pasamos de una sociedad en la que sólo los ricos tenían derechos, a una sociedad en la que todos teníamos oportunidades para mejorar. Así pasamos de vivir para trabajar, a trabajar para vivir.
Pero la maldad del capital -y de los poderosos que lo poseen- no tiene límites y no tardaron en encontrar la forma de dar la vuelta a la tortilla para seguir siendo ellos quienes tuviesen el control. No han tardado mucho en volver a convertirnos a nosotros, a las clases trabajadoras, en sus esclavos; si es que en realidad alguna vez dejamos de serlo del todo.
No parecía fácil que pudiésemos desandar el camino y perderlo todo cuando, a simple vista, creíamos que éramos nosotros, la mayoría, los que ostentábamos el poder. Tan sólo podían conseguirlo engañándonos y eso es lo que han hecho. Han convertido la realidad en una farsa valiéndose, fundamentalmente, de los medios de comunicación, de los medios de manipulación, como yo les llamo.
Nos han mostrado el camino que les interesaba y nosotros, cual borregos camino del matadero, lo hemos andado paso a paso.
Nos han hecho creer que podíamos ser como ellos y esa ha sido la trampa. Y nosotros, inconscientes, hemos caído en ella y ahora no sabemos muy bien como salir; sobre todo, porque ya se han cuidado de que creamos que no podemos hacerlo; sobre todo, porque han conseguido que pensemos que la realidad es la que ellos han creado a través de su televisión, de su cine, de sus periódicos, radios y revistas.
Nos han enseñado lo que debemos hacer, lo que está bien y lo que está mal, qué conductas debemos o no practicar y tolerar, cuáles son los valores que debemos defender, a qué nos tenemos que someter.
Nos han inculcado cómo debemos vestir, qué debemos comer, cómo nos tenemos que divertir; en definitiva, cómo tenemos que vivir y qué tenemos que desear. Para ello, han creado la sociedad de consumo. Una sociedad que ahora nos esclaviza, no sólo porque dependemos de nuestra fuerza de trabajo para vivir cómo a ellos les interesa, sino porque hemos perdido nuestra propia esencia de seres humanos: la libertad y la capacidad individual de percepción y de decisión.
Han utilizado nuestras instituciones democráticas y se han apropiado de ellas -eso sí- con mucha sutileza, de tal manera que parezca que seguimos teniendo algún poder. Mientras, la mayoría de aquellos a los que elegimos -a los que eligen- para regentar esas instituciones, son en realidad parte de su sistema y se han organizado para que, en su gran mayoría, sólo ellos formen parte de él y de forma que sea prácticamente imposible para nosotros cambiarlo desde dentro. Han utilizado el Derecho y las leyes para ello y han conseguido que quienes no quieran ser peones en su ajedrez, salgan inmediatamente de la esfera de poder.
Han creado una justicia en la que quienes no posean dinero, no tengan posibilidad de sobrevivir porque casi todo es ilegal. Si no tenemos dinero, no somos nadie. ¿Cómo y dónde podemos vivir? ¿Qué podemos comer? ¿Dónde podemos ir sin los papeles que nos confieren legalidad? Se han adueñado de nuestras vidas y nos han dejado a merced de nuestra capacidad de trabajar para ellos. Han conseguido crear un sistema en el que creamos que esa es nuestra única posibilidad de sobrevivir: trabajar para ellos y en las condiciones que ellos nos impongan. Y si esto es así, ¿dónde quedan los derechos y la libertad?. Son papel mojado. La Constitución, las leyes, las declaraciones de derechos humanos, todo es papel mojado.
Han inventado un mundo en el que hay escasez cuando, probablemente, hay tierra para todos, posibilidad de vivienda para todos, de alimentos para todos, de energía para todos. Sólo que todos estos bienes, a los que “todos” deberíamos tener derecho como seres humanos que nacen y habitan este planeta, están en manos de unos pocos, tal vez de unos cientos de miles o, tal vez, incluso menos.
Pero no contentos con eso, para poder esclavizarnos aun más, ahora nos están negando hasta la posibilidad de trabajar y nos encontramos sin capacidad de supervivencia ni de reacción.
Y nosotros, pobres de nosotros, humildes trabajadores, hemos olvidado que existe otra realidad. La realidad de que somos personas y no piezas de quita y pon. La realidad de los otros valores, de los verdaderos y poderosos valores humanos, valores como el amor o la justicia, valores como la solidaridad que junto a la fuerza de nuestro trabajo, nos pueden hacer felices y libres. Y no me refiero a la fuerza del trabajo que se compra o que se vende sino del que se realiza en beneficio de todos, para el bien común.
Pretendiendo hacernos creer que luchábamos contra las desigualdades, que luchábamos por una pluralidad a la que teníamos derecho, han fomentado las desigualdades y nos han dividido de forma que hemos olvidado lo que es nuestra esencia, la esencia con la que todos nacemos: humanos, iguales, desnudos, ignorantes y vulnerables. Así nos han robado también la esperanza, la fuerza y la capacidad de unir nuestro poder y valor; nuestras únicas armas para enfrentarnos a ellos. No nos damos cuenta de que lo que le hacen a uno de nosotros, nos lo hacen a todos.
Quienes son ellos y quienes somos nosotros, sólo tú lo puedes decidir y también en qué sistema quieres vivir.
Cada día somos más los que creemos que un mundo mejor es posible y que tan sólo debemos trabajar unidos, una vez más, para cambiar este sistema por otro mucho mejor, más justo y más digno.

jueves, 13 de diciembre de 2012

REFORMAS GALLARDÓN


He leído Gallardón, Ministro de Justicia, que, en tu afán reformista, pretendes ahora retocar el Código Civil para proteger éticamente la dignidad del menor. 
Sabrás tú, Gallardón, y los de tu calaña lo que es ética y dignidad!!!
Sólo entendéis el ideario católico que os interesa y no conocéis lo que es el respeto ni a los pobres ni a los que piensan diferente a vosotros. Ya ni respetáis a los propios representantes del Poder Judicial que no están de acuerdo con vuestras injustas políticas.
Dejad de cambiar las cosas que no se adaptan a vuestro ideario y pensad en como ayudar al país, en vez de en adoctrinar a sus habitantes. Al menos, ya que habéis llegado al poder mintiendo y habéis cambiado la mayoría de vuestras promesas por Reales Decretos contrarios a las mismas, dejad de fastidiar.
Por el contrario, os sugiero algunas otras materias que podríais mejorar:
Perseguir y legislar el control sobre vuestras propias conductas y vergüenzas y las del resto de políticos de este país. Porque, quienes os llamáis nuestros representantes, hace ya demasiados años que tenéis puesto vuestro interés en los votos y el poder y no en las necesidades de los ciudadanos; tan sólo nos utilizáis manipulándonos durante las campañas electorales para conseguir vuestros respectivos objetivos personales, políticos o económicos, mientras cada día estamos más indefensos ante vuestros incumplimientos y abusos. Porque SOIS RESPONSABLES de no haber sabido, o más bien querido, evitar que los acontecimientos acabasen en una crisis de semejante calado. Porque todos sabíamos o debíamos saber lo que estaba pasando y podía pasar menos vosotros, quienes en teoría estáis tan preparados que os permitís el lujo de presentaos y que os elijamos para tomar las decisiones que regirán nuestros destinos. Porque habéis despilfarrado y gestionado pésimamente y por encima de nuestras posibilidades el dinero público en todos aquellos Gobiernos en los que habéis tenido el poder y ahora nos echáis la culpa a nosotros, o a fantasmas del pasado, y pretendéis convencernos de que no hay otra posibilidad para salir de esta situación que rebajar nuestros salarios -ya de por si humildes-, despojarnos de nuestros más básicos y elementales derechos y desmontar el Estado de Bienestar en el que pensábamos que invertíais nuestros impuestos. Mientras, vosotros y vuestras familias y las de vuestros amigos y semejantes, con vuestros sueldos y vuestros estatus, seguís disfrutando el mismo o mayor bienestar. Porque muchos políticos tienen causas abiertas con la justicia y siguen disfrutando de los mismos privilegios.

Criminalizar todas las conductas inmorales, y muchas de ellas ilegales, que han llevado a este país a la ruina, en vez de las protestas de quienes se oponen a vuestras crueles e injustas medidas .
Imponer solidaridad -al igual que hacéis con los ciudadanos- a los grandes empresarios, buitres de alto standing, dueños de grandes multinacionales y grandes capitales a los que, por el contrario, dais todas las facilidades habidas y por haber con la excusa de que no se lleven su dinero de España; cuando todos sabemos que, no sólo se lo han llevado ya, sino que lo están invirtiendo en otros países -muchos de ellos tercermundistas- donde pueden obtener mayores beneficios, eso sí, como el capitalismo manda, a costa de la miseria de otros y a la espera de que, merced a la próxima y certera miseria en el nuestro, les vuelva a interesar invertir aquí. Imponer solidaridad a quienes, poniéndose el orgullo de ser español por bandera, han dejado en la cuneta a los millones de trabajadores y ciudadanos que les han hecho crecer y enriquecerse; los mismos  que ahora se llevan a aquellos países a unos pocos que deben considerarse afortunados mientras dejan aquí a sus familias, sus amigos, sus casas, su lengua, sus costumbres, sus vidas...
Cambiar de un vez vuestras medidas austeras e impositivas que están llevando a la mayoría de los ciudadanos de este país a la ruina y que han demostrado que sólo generan más dolor y desprotección a los pensionistas, a los parados, a los dependientes, a los trabajadores, a los autónomos y a las pequeñas y medianas empresas, personas a los que así, de nada va a servir vuestra vergonzosa y medieval Reforma Laboral.
Acabar legalmente con el abuso de las entidades bancarias en vez de tenderles alfombras rojas, en vez de inyectarles capital mientras les estáis permitiendo desahuciar a familias, víctimas de su avaricia y pésima gestión. Dejad de proteger a quienes ahora dejarán sin trabajo a otros miles de trabajadores que, con toda probabilidad, tampoco han sido los culpables de su estafa. Dejar de escondeos detrás de ellos porque podemos pensar que, tal vez, lo hacéis porque tenéis mucho que callar o que ganar.
Actuar e impulsar que se cumpla la ley y que vayan a la cárcel todos los que la incumplan y no sólo los pobres que carecen de los medios necesarios para enfrentarse a la injusticia mientras los Urdangarín y afines, los tienen para eludir la justicia
Obligar a ser solidarios con este país a todos los ricos y grandes fortunas igual que se lo imponéis al resto de los ciudadanos. No les permitáis seguir atesorando e incrementando sus capitales improductivos -o productivos para ellos solos a través de sociedades fantasmas de inversión que contribuyen pagando sólo un impuesto del 1%- mientras toleráis que los más humildes paguen hasta por las recetas que se les extienden para adquirir los medicamentos que necesitan para vivir.
No consintáis que los sinvergüenzas que ganaron y tienen -muchos de ellos en paraísos fiscales- el beneficio de los supuestos años de "bonanza" y que han sido en definitiva causantes -entre otros- de esta crisis, se queden ahora con todo mientras socializáis las pérdidas entre los más desprotegidos y humildes. Perseguir a todos y cada uno de los que han defraudado hasta las últimas consecuencias, con todos los medios a vuestro alcance, hasta que devuelvan hasta el último euro y paguen las penas que la ley les imponga en el caso de que lo hayan conseguido ilegalmente.
Tener valor de una vez por todas y, junto con el resto de los Gobiernos de Europa que se encuentran en igual o similar situación que España, decirle al capital, a Alemania, a Merkel o a quien corresponda, que habéis sido elegidos por la gran mayoría de ciudadanos que hoy están sufriendo y que tenéis que trabajar para ellos y no por los intereses de un capital egoísta e insolidario; porque esos intereses no son coherentes con los valores de vuestro partido y por tanto del Catolicismo que es vuestro "Santo y Seña".
Y sí, proteger a los menores. Pero no sólo reformando el Código Civil sino trabajando con la justicia para que los padres de esos mismos menores tengan un puesto de trabajo digno y les puedan proporcionar el sustento físico y emocional que les permita desarrollarse como personas, educarse como personas y crecer como personas y no como una lacra social que es lo que finalmente vais a conseguir con vuestra moral, con vuestra, hasta ahora, doble moral.
Sí no lo hacéis así, seguiremos pensando que sois los grandes beneficiados de esta, nuestra crisis, y que es en realidad vuestra estafa.

jueves, 6 de diciembre de 2012

PROSTITUCIÓN DESDE 1978

Ayer en Valencia, hubo un pequeño acto simbólico -parodia de funeral a nuestra Constitución- convocado por “constituyentes.org” y apoyado por otros varios grupos que trabajan en la línea de la lucha por la justicia y los derechos de los más desfavorecidos, tales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la Intersindical Valenciana, etc.
No volví a casa deprimida porque hace ya un tiempo que decidí que no hay fuerza ni circunstancia en esta vida que sea lo suficientemente poderosa cómo para vencer a mi propia fuerza interior pero, sí he de reconocer, que regresé un tanto decepcionada. Decepcionada de la respuesta, decepcionada de la escasa importancia que mis conciudadanos -quiero pensar que por ignorancia- otorgan al ultraje que se está ejerciendo a nuestra Ley de Leyes.
Allá por el año 1978 nos dotamos de una Constitución, el instrumento por excelencia que nos devolvía, no sólo la democracia robada tras la infame y dolorosa guerra civil, sino también los derechos y libertades que la ciudadanía de este país, sometida al cruel poder de la dictadura que siguió a aquella barbarie durante nada menos que 40 años, tenía miedo hasta de imaginar.
No nació perfecta. No podía serlo en aquel momento histórico en el que demasiadas fuerzas contrapuestas pugnaban por hacerse un hueco en la nueva sociedad que se dibujaba en nuestro país. Sin embargo, sí nació fruto de un consenso y con un futuro brillante y luminoso, dado que, sobre los pilares de unos principios fundamentales y básicos, sentaba las bases para una convivencia justa y digna de todos los ciudadanos que pisasen o habitasen el territorio sobre el que ejercía su hegemonía.
Al principio fue una niña mimada y respetada. No en vano, uno de los principales dones con el que se le dotó al nacer fue el de su propia protección: complejos mecanismos de reforma para que no pudiera ser manipulada al antojo de intereses partidistas, ni siquiera de simples mayorías, sino más bien con la intención de que fuese el pueblo soberano quién tuviese la potestad de modificarla al menos en los aspectos concernientes a los principios, derechos y libertades fundamentales que instituyó; entre ellos, ni que decir tiene, la propia soberanía del pueblo en ella consagrada.
Ahora miro la Constitución que un día iluminó nuestra sociedad con un futuro esplendoroso y me causa pena ver cómo no queda ni la sombra de aquella niña que nació.
Bajo el interés del capital y de sus herramientas políticas y económicas, la gran mayoría de los principios consagrados en la Carta Magna se han convertido en papel mojado. Y sino, mirar a vuestro alrededor y contestarme: ¿Dónde queda el derecho a la igualdad en esta sociedad en la que los ricos tienen todos los derechos y las oportunidades y a los pobres se les priva incluso del derecho a la justicia si no tienen suficiente dinero para pagársela?; ¿Dónde está el Derecho a una vivienda digna cuando se rescata a los bancos con nuestro dinero mientras se echa de sus casas a los estafados por los mismos a quienes hoy se rescata?; ¿Dónde está el Estado aconfesional si se pretende enseñar y evaluar en nuestros Colegios Públicos las creencias religiosas de quienes ocupan hoy en día el Gobierno?; ¿Dónde el derecho de manifestación si se criminaliza y apalea a quienes lo ejercen?; ¿Dónde el derecho al trabajo cuando los grandes capitales defraudan, apenas pagan impuestos, se evaden o se invierten en otros mercados mientras en nuestro territorio las colas de parados crecen?; ¿Dónde está nuestra soberanía si los políticos que elegimos para que nos representen pueden ir modificando sus programas sobre la marcha? ¿Dónde cuando las decisiones se toman fuera de nuestro territorio sin ni siquiera consultarnos? ¿Dónde cuando se puede mal gestionar y despilfarrar el dinero público mientras la responsabilidad política brilla por su ausencia?; ¿Dónde nuestro derecho a la vida si se le pone precio y se regala la gestión de la sanidad a quienes están preocupados por su beneficio económico y no por nuestra salud?
Podría seguir horas y horas pero no creo que merezca la pena porque la mayoría de los que os acercáis a mi blog conocéis perfectamente cual es ahora nuestra realidad y cuál es la farsa que nos está tocando vivir.
Hoy, tan sólo pretendía que esta Constitución a la que un día admiré y respeté, sepa que estoy con ella. Que no estoy dispuesta a tolerar que la sigan convirtiendo en una prostituta a la que todos utilizan y de la que todos se aprovechan en su beneficio cuando, en realidad, le han robado su identidad, su autoestima y su poder y con ella a todos los ciudadanos que son legislativamente sus hijos; esos hijos que un día se encontraron bajo su protección y que, precisamente por eso, tienen hoy la obligación moral de protegerla..
Tal vez habrá que cambiarle las vestiduras -yo, por ejemplo, sueño con una Constitución Republicana-, lavarle la cara y quitarle esa capa de burdo maquillaje con la que nuestros representantes la han ido embadurnando durante todos estos años; pero, sobre todo, hay que devolverle su espíritu, su razón de ser y su valor para que vuelva a ser aquello para lo que, un 6 de diciembre de 1978, nació.
Y debemos cambiarla entre todos.
Entre todos debemos conseguir que vuelva a ser fiel a sus principios, fiel al espíritu con el que fue votada: el de la justicia, la igualdad, la solidaridad, la verdadera democracia...
Y por eso, precisamente, es que debemos luchar también para recuperar nuestra soberanía; teniendo la certeza de que nosotros, unidos, podemos hacerlo; teniendo muy claro que eso no será posible a través de nuestros representantes porque éstos, ya han demostrado por activa y por pasiva en qué y en quienes tienen puestos sus intereses. Pero sí sabiendo que podemos lograrlo trabajando uno a uno, codo a codo, unidos en las calles, en las escuelas, colegios, universidades, hospitales, juzgados, comunidades religiosas, asociaciones de vecinos, sindicatos, asambleas, medios de comunicación, etc. etc.; desde nuestros puestos de trabajo o desde nuestras situaciones de parados, pensionistas, amas de casa, minusválidos...
Un ciudadano, una persona, es una fuerza trabajando por los derechos de la mayoría y esa mayoría de fuerza solidaria será la que nos dé, finalmente, la victoria y no valen las escusas.
Yo lo creo y espero que vosotros también lo creáis porque esa esperanza es lo único que necesitamos para vencer. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

MI PANFLETO #14N

Hacía una buena temporada en que no me acercaba a mi blog. Todo sonaba a más de lo mismo y demasiadas voces decían lo que mi corazón expresaba. También he de reconocer que me estaba refugiando un poco en mi vida interior, que nunca está de más. Pero hoy, de nuevo he encontrado una buena razón para dirigirme a vosotros. Por eso, he elaborado este panfleto en apoyo a la próxima HUELGA GENERAL convocada para el 14 de noviembre. Espero, no sólo que os guste, sino que además os sea útil, pues ni que decir tiene que carece de copyright y que está abierto a que todo aquél que quiera lo utilice con la única condición de que sea en apoyo de esta, nuestra lucha.

HUELGA GENERAL
14 DE NOVIEMBRE
HUELGA DE PROTESTA SOCIAL

AUSTERIDAD=RUINA GENERAL

Asalariados
Obreros
Funcionarios
Comerciantes
Autónomos
Pequeños empresarios
Parados
Pensionistas
Amas de casa
Estudiantes

SECTOR PÚBLICO Y PRIVADO
NOS QUIEREN POBRES, ENFERMOS E INCULTOS
Todos formamos parte del mismo efecto dominó.
Si cae uno, caemos todos.

SÓLO QUIEN NO LUCHA, PIERDE LA BATALLA

Los actuales Gobiernos europeos se han confabulado bajo la fórmula del “Neoliberalismo” para, con la escusa de una “crisis”, imponer un modelo social basado en el dominio del capital frente al modelo anterior que fundamentaba el progreso en la persona y en sus derechos personales y colectivos.
A pesar de que la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU y otras tantas “Declaraciones Internacionales” (pasando por nuestra Constitución) se han esmerado en plasmar en papel durante todo el siglo pasado una serie de derechos inherentes al ser humano y a su dignidad, a día de hoy, los más ricos y poderosos de este mundo, bajo el protectorado del dinero y el pseudónimo de los “mercados”, están arrastrando a nuestras sociedades a una creciente pobreza y esclavitud de la que sólo los grandes capitales y los grandes capitalistas salen beneficiados. Para ello, a las clases menos favorecidas nos lo van quitando todo, desde la reciente prosperidad hasta los más básicos derechos personales, sociales y laborales.
Los bancos, principales causantes de la “estafa” con el beneplácito de la clase política, son los que, no sólo no están pagando su irresponsabilidad, sino que en vez de pagar la deuda que merced a sus prácticas especulativas tienen ahora con el resto de la banca europea o mundial, son rescatados en condiciones privilegiadas. Y siguen sin facilitar créditos. Mientras, a los ciudadanos sólo nos pasan la factura; a quienes no tienen ya nada, en forma de miseria o desahucios; al resto, en forma de recortes en lo que cubría nuestras necesidades más básicas, de impuestos y de tasas (incluso para obtener el beneficio de la justicia que debería ser universal e igual para todos).
Una parte importante de los políticos ha abusado de su situación de privilegio por representarnos y: o ha metido mano en las arcas públicas lucrándose (ellos y/o sus amiguetes) con el dinero que con tanto sacrificio aportaron los ciudadanos en beneficio de su sanidad, educación, atención de sus mayores y de los más desfavorecidos, etc, o lo han despilfarrado llevando a cabo una pésima gestión de nuestros recursos. Y no obstante, la mayoría sigue en los mismos o similares puestos, viviendo a nuestra costa.
Los grandes empresarios y los que hicieron o ya tenían grandes fortunas, en vez de contribuir, han enviado su ganancia a paraísos fiscales obteniendo como recompensa una amnistía fiscal que ni siquiera les interesa utilizar o unas condiciones fiscales privilegiadas con la escusa de que no se lleven un dinero que parece ser sólo de ellos y para ellos.
Nuestro propio Gobierno presentó un programa electoral (exclusivamente para conseguir nuestros votos) basado en mentiras y que en nada se parece a las decisiones y a las leyes con las que ahora nos quiere hacer comulgar. Y todo ello, sin apenas negociación, merced a esa mayoría absoluta obtenida con engaños.
¿Hasta cuánto vamos a aguantar? ¿A qué vamos a esperar para decir que no vamos a tolerarlo? ¿A que nos roben toda la soberanía que nos otorgó nuestra Constitución?
Debemos unirnos para dejarles claro que son nuestros representantes y no nuestros amos y que: o velan por nuestros intereses o utilizaremos las herramientas a nuestro alcance para que así lo hagan.
Dos de esas herramientas con las que nos dotó la Constitución son el Derecho de Huelga y el de Manifestación. Por eso te pedimos que te unas a nosotros y el próximo día 14 de noviembre, hagamos una huelga general en la que todos unidos, paremos el país.
POR EL VERDADERO DERECHO AL TRABAJO Y A LA VIDA DIGNA. POR TODAS LAS PERSONAS HONRADAS, HUMILDES Y TRABAJADORAS DE ESTE PAIS Y DEL RESTO DE EUROPA.

SÍ SE PUEDE, SÓLO HAY QUE QUERER, APOYAR Y LUCHAR

jueves, 27 de septiembre de 2012

MI EXPERIENCIA #25S


Desde la primera vez que oí hablar de “Okupa el Congreso”, tuve claro que quería estar allí.
Por supuesto, lo entendí de modo metafórico y, por supuesto, de ninguna de las maneras era mi intención entrar al Congreso y sentarme en uno de aquellos aterciopelados asientos y empezar a administrar justicia, proclamar leyes ni establecer un nuevo orden constitucional.
Mi idea era tener un espacio y un momento donde poder gritar mi indignación y poder decirle directamente a este Gobierno -que consiguió mayoría absoluta en las urnas, sí, pero tras 8 años de absurda e incompetente oposición con el único objetivo de lograr el poder y tras una campaña electoral plagada de mentiras- que esta política que estamos sufriendo, no tiene absolutamente nada ni de justa ni de democrática y que mientras me quedase voz, no iba a dejar de pedir su dimisión.
Tampoco es que tuviese muy claro cuales eran las reivindicaciones concretas pero sí creía “a pies juntillas” que se promovía desde un entorno pacífico, solidario y hambriento de justicia como tantas otras manifestaciones y protestas en las que había participado y en las que sólo la actuación policial había conseguido romper la armonía de la reivindicación.
Después vinieron los rumores de que detrás estaban movimientos de ultra derecha. Lo cierto es que empecé a poner un poco más de oreja -porque para nada hubiera querido apoyar a semejante fauna ni siquiera con el pensamiento- pero pronto me di cuenta de que eso no era ni podía ser verdad, así que seguí en mis trece, erre que erre, de que había que apoyar.
Después vinieron los matices, las divisiones, los acuerdos y finalmente parecía que la convocatoria estaba perfilada al más puro estilo de mi reivindicación. Ya había decidido que quería ir pero entonces ya si que decidí que no podía faltar.
Pero había una parada intermedia antes del #25S, la macro manifestación sindical del #15S. Tal vez si hubiera resultado un éxito y dado que mi compañera estaba de vacaciones y que por tanto no parecía razonable que yo pidiese el día, habría renunciado a asistir.
Pero claro, aquello fue casi un sueño. Y cuando al día siguiente de la paliza a Madrid, en el Telediario 24 horas del domingo, vi que dedicaban el mismo tiempo a un grupo de mindunguis con una bandera de España que acudían a entregar una carta a no sé quien protestando por la excarcelación de Bolinaga, que a los miles de personas que habíamos pasado muchas horas en autobuses y otras buenas horas bajo el implacable sol para luchar por los derechos de la mayoría absoluta de los españoles, empecé a pensar que efectivamente, iba a tener que ir.
Después llegaron las noticias de detenciones de los promotores del #25S; detenciones por portar pancartas en apoyo de dicha protesta; el acoso que estaban sufriendo los lugares y sedes donde el #15M ejercía su magnífica e importante labor social y política (que estaban siendo literalmente desmontados) y decidí que, pesase a lo que pesase, no podía faltar, aunque he de reconocer que en algún momento llegue a flaquear por si semejante osadía podía perjudicar el futuro de mi familia, de mis hijas, en caso de que me detuvieran con cualquier imputación de delito real o figurado.
Pero como soy persona razonable, triunfó la razón. ¿Estaba dispuesta a vivir con miedo y a que mis hijas vivieran con miedo el resto de su vida? Pues no. Valía la pena arriesgarse.
Al llegar a Madrid, el ambiente era fantástico y no menos fantástico cuando a las 18:00 horas comenzó a llenarse la plaza de Neptuno de miles de personas como yo, con la misma indignación, con la misma sed de justicia, con los mismos deseos de una democracia de verdad por y para el pueblo y con las mismas quejas contra los mismos delincuentes: los que desde sus estamentos de poder, político y económico -o ambas cosas pues ya nadie es capaz de separarlas-, estaban haciendo a la mayoría humilde de ciudadanos pagar una crisis de la que no eran culpables; desde el robo de los derechos laborales, los recortes en sanidad y educación hasta la recesión que pone cada día más en peligro la supervivencia de más y más hermanos en este país.
Lógicamente, las sospechas también se confirmaron. Estaba claro que cuando habían montado tal despliegue policial bajo supuestas sospechas de “golpe de estado” y de “ataque a las instituciones o a sus representantes” -aun a sabiendas de que la convocatoria procedía del ala más pacífica y razonable de la sociedad española- había que justificar dicha exageración represora.
Lo que menos de todo quería creer es que la guerra iba a tener en los dos bandos a los mismos contendientes: las personas que tienen a su cuidado nuestra seguridad.
Tuve suerte de ir muy bien acompañada y aconsejada para evitar el peligro y, como no soy de las que dan pero tampoco de las que van dispuestas a recibir, logré eludir los brutales ataques policiales.
Viniendo en el autobús de vuelta a casa, los videos que iban subiendo a tweeter y las noticias que llegaban me hicieron recordar la represión, franquista o de cualquier otro poder totalitario y dictatorial, y el terrorismo de Estado de los GAL, pero aun así no me lo quería creer: “autodefensa personal”. Supongo que muchos españoles también la están utilizando para no salir a protestar.
El video de #esteescompañero, lamentablemente me lo confirmó. Los policías que se infiltran en las manifestaciones han de hacerlo entre la masa y para controlar los posibles disturbios entre los manifestantes, para salvaguardar su seguridad. Cuando se ponen enfrente de sus compañeros no es para ayudarles, porque los acorazados y armados no necesitan la ayuda de encapuchados desarmados. No se me ocurre para que otra cosa estaban allí salvo para reventar lo que era y es una reivindicación ciudadana justa y pacífica. No se pueden cerrar los ojos a la realidad.
Por eso ahora, más que nunca, tengo claro por qué hay que luchar. Porque si ya tenía pocos motivos, añado uno más. Hay que luchar contra este injusto e inhumano sistema que, entre otras muchas cosas, no sólo protege sino que alaba esta forma de represión y permite que "pase sin que nada pase".
No creo que vuelva a Madrid el #29S; espero poder apoyar desde Valencia. Ya no es que anime a que la gente vuelva a rodear el Congreso porque no creo que haga falta si los videos y pruebas de la aberración no lo han conseguido. Pero creo que está claro que, o estás con ellos o estás contra ellos.
Esta mañana lo ha dejado bien claro nuestro amo Rajoy que además pretende decir que los que se callan, están de su lado.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

TERRORISMO


Hay cosas que se escapan a mi comprensión y a mi tolerancia. Tampoco demasiadas ¡no vayáis a creer!. Intento entender y respetar casi todo.
Una de ellas, por no decir la que más, es el TERRORISMO. También podría mencionar la guerra que es la madre de todos los terrorismos, pero, últimamente, entre unas realidades y otras, me cuesta mucho distinguir.
Quienes me conocéis sabéis que mi voluntad es morir antes que matar o utilizar la violencia para defender aquello en lo que creo; porque por supuesto, no habría cosa que fuese más allá de mis principios que eso. Y dicho ello desde la más absoluta humildad; reconociendo que hay situaciones en que uno puede llegar a dejar de ser dueño de sus actos y ocasiones en las que opinar es vano, pues de no vivirlas en nuestras propias carnes, es impredecible nuestra reacción; por supuesto también para mí.
No obstante, en este presente que vivimos, veo que el terrorismo es un arma. Y no es sólo que haya individuos o grupos que lo utilicen para conseguir sus objetivos, sino que, dicha Institución en sí, está siendo utilizada de unos y de otros bandos como arma arrojadiza en una guerra a la que no veo fin.
Me explico. Todos los bandos utilizan a las víctimas en su propio beneficio convirtiéndolas en mártires o criminales dependiendo de la posición, de la nación, de la ideología o del interés desde el que se miré. Todos piden respeto y justicia para las víctimas mientras ninguno de ellos las deja descansar en paz. ¡Si hasta en nuestro propio país hay dos asociaciones de las mismas víctimas enfrentadas entre sí y exaltadas o vapuleadas según de que lado ideológico se decanten! De auténtica vergüenza para las propias víctimas, si me lo permitís.
Todo esto ha venido a cuento de Bolinaga. No voy a tomar ningún partido ni en contra ni a favor de su excarcelación. Por supuesto tampoco de parte de ETA ni del franquismo ni del terrorismo de Estado; ni del genocidio de Irak, de Siria o Afganistán ni del de las Torres Gemelas; ni de la dictadura de Pinochet o Videla; ni de la dictaduras chinas o rusas; ni del Gobierno Colombiano ni de las FARC o yo que sé de cuanto y tanto terrorismo más. Millones de víctimas en este Planeta; sin olvidar las queridas Centro y Sudamérica o las siempre masacradas Africa o Asia.
Me voy a quedar en casa que es la realidad que más conozco. No se puede criminalizar a ETA mientras se ocultan y no se hace justicia con las víctimas del franquismo, ni se puede justificar de ninguna de las maneras la violencia de ETA sobre seres humanos en defensa de ninguna justicia y libertad. Y mucho menos utilizar a unas y otras para sacar rentabilidad política. No al menos con respeto a las víctimas.
Eso es lo que creo y eso es lo que os quería decir.

sábado, 8 de septiembre de 2012

A LA MIERDA LA SEGURIDAD


Hay un Principio en Derecho denominado “Seguridad jurídica”.
Desafortunada o afortunadamente, no he tenido la suficiente oportunidad como para interiorizar todo aquello que aprendí cuando lo estudiaba y no puedo precisar con exactitud en qué consiste ciertamente dicho Principio. Tan sólo llego a recordar lo que en su momento entendí que aquello significaba.
Venía a ser algo así como que el ciudadano tenía SEGURIDAD porque las leyes determinaban cuales eran o podían ser las consecuencias de sus actos, cuales sus garantías, cuales sus derechos, etc, etc. En definitiva, en qué forma podían las personas desenvolverse en esta sociedad, sabiendo de antemano que la legislación las protegía siempre que actuasen dentro de la legalidad. Y teníamos derecho a ella.
Sin embargo, en este presente que nos ha tocado vivir, a menudo me preguntó qué es lo que queda de dicho derecho.
Desde que nuestros poderes políticos nos certificaron que estábamos en crisis, las medidas legislativas se suceden semana tras semana trastocando lo que, hace apenas dos años, era nuestra realidad jurídica; primero de manos del PSOE y ahora de manos del PP.
Por aquel entonces, me disponía a intentar disfrutar y ser feliz en esta vida con lo que el destino me había dejado de ella y contaba para tal propósito con los medios que mi esfuerzo y sacrificio habían puesto a mi disposición.
Tenía la seguridad de que había llegado por fin el momento de vivir con un poco más de tranquilidad y de dignidad. Mi marido y yo habíamos conseguido, a base de esfuerzo y de estudio, dos salarios fijos que, si no muy suculentos, nos permitían al menos hacer frente a todos los compromisos económicos que habíamos adquirido con prudencia y responsabilidad. Creíamos además que podíamos proporcionar a nuestras hijas un futuro, tal como nosotros habíamos visto a nuestros padres intentar hacer para nosotros, con mayores o menores posibilidades.
Por fin, todo parecía estar tranquilo. Los recuerdos se habían alojado en mi mente y habían inundado de dolor mi alma pero al menos creía tener la oportunidad de seguir luchando para que el mañana fuese un poquito mejor. No pedía mucho en realidad; tan sólo un poco de serenidad y de dignidad y -tal vez- hacer lo que muchos otros habían hecho antes y que yo -por diversas circunstancias- aun no había podido hacer; dos cosas que me parecían apasionantes: conocer un poco más el mundo que existía un poco más allá de mi lugar de residencia y acabar mis estudios de Derecho para seguir promocionando en mi profesión.
Pero, de repente, sin comerlo ni beberlo y sin que ni mi forma de vivir ni de actuar hubiese cambiado ni un ápice, me vi envuelta en una vorágine de cambios que al principio parecían no tener nada que ver con mi vida pero que pronto descubrí cuán lejos estaba de saber hasta qué punto podían cambiarla.
Pero no poco a poco concediéndome plazos para adaptarme a las nuevas circunstancias, sino, de la noche a la mañana, cómo un auténtico vendaval.
Ahora miro dos años atrás y no reconozco mi presente. Ya no sé de qué voy a tener oportunidad; ya no sé si podré pagar la universidad de mis hijas; ya no sé si podré afrontar todos los pagos que siempre, siempre desde que tengo uso de razón, afronté a primeros de mes, antes que disfrutar, antes que vestir, antes que comer si fue preciso; ya no pienso en viajar, apenas ni en ir al cine ni alternar; ya sólo pienso en qué decidirán el próximo viernes una serie de individuos, que dicen llamarse mi Gobierno, alrededor de una mesa.
Mientras, yo sigo en mi mismo puesto de trabajo, haciendo las mismas cosas con mucho menos sueldo, la mitad de ilusión y el doble de miedo a perder todo lo que tengo; porque con las armas que hemos puesto a su alcance, lo pueden hacer; está claro que lo pueden hacer.
De hecho, a millones de personas de nuestro país, ya se lo han hecho; y a muchos otros millones de ciudadanos de los países de nuestro entorno, se lo han hecho ya más y mucho más. Y lo más triste de todo es que la única posibilidad que nos dejan de poder dilucidar cuál puede ser nuestro mañana, es mirar precisamente a esos otros hermanos, porque en nuestro país, nadie, y digo nadie, nos dice la verdad.
Y tal vez aun hay otra cosa peor. Todas estas medidas económicas y legislativas, lo que realmente hacen es crear más y más inseguridad; más miedo, más dolor y más desigualdad. Porque está claro que ya nadie en este país puede decir que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley porque todos y cada uno de nosotros sabemos que eso es: UNA GRAN MENTIRA.
Nadie pone a los becarios de FAES y demás Fundaciones a trabajar en los montes porque reciban subvenciones; ni a los partidos políticos; ni a las organizaciones sin ánimo de lucro. ¡No, claro! limpiar el monte o apagar incendios, no produce beneficios económicos; más bien, de haberlos, han debido estar más en que se quemen.
Nadie pone a trabajar a los mercenarios de la Santa Iglesia Católica y Apostólica; para ellos queda sólo predicar -que no con el ejemplo- y manipular apoyando la política de “a Dios rogando y con el mazo dando”; ni a los hijos de los ricos que no pegan un palo al agua porque se mantienen con lo que sus papas ganaron a nuestra costa.
Nadie pone a trabajar en los montes a Urdangarín que tanto y con tanta desvergüenza nos ha robado amparándose en su política Familia Real; ni a los imputados en delitos financieros; ni a los políticos corruptos ni a tantos como han estafado y defraudado. ¡No! a todos esos se les protege. A muchos de ellos, precisamente, se les ha facilitado la amnistía fiscal. A todos esos que son los que nos han privado de los medios necesarios para luchar contra el fuego, entre otros muchos de los beneficios de aquel Estado de Bienestar que pagamos entre todos.
¡No¡, para el trabajo sucio tenemos a los parias de la sociedad; los parados que un día tuvieron la esperanza de vivir de su trabajo con dignidad y que de la noche a la mañana lo han perdido todo y encima pretenden vivir del cuento.
Esos son los parásitos hoy en día para nuestras leyes.
Y los funcionarios que no dejaron de trabajar y de madrugar ni cuando hubo ni ahora que no hay. Y los pensionistas, muchos de los cuales levantaron este país de la ruina a la que, en aquella ocasión, le llevó una injusta y sanguinaria guerra civil aun sin culpables. Y los inmigrantes que cotizaron a la Seguridad Social y fueron explotados y utilizados por esos mismos banqueros y empresarios a los que hoy la crisis no permite crear empleo si no es con mano de obra esclava.
A nadie se le escapa ya dónde está aquella seguridad constitucional; la jurídica, la personal y la social. En manos de quienes acceden al poder con mentiras. Poder que utilizan a su antojo porque ninguna de todas nuestras leyes nos concede ni siquiera la SEGURIDAD JURÍDICA de saber que, quienes se llamaron a representarnos y a decidir nuestros destinos, harán lo que prometieron cuando pedían nuestros votos.
Y la utilizan contra todos los humildes de este país porque ellos, los ricos, los que sólo están un escalafón más abajo de su Dios, saben como sacar a España de esta crisis en la que, todos los que hoy no sufren ni una sola consecuencia, nos han hundido.
Por eso una vez más os llamo a acudir a las protestas del #15S Y #25S; porque nos quieren inseguros, aterrados y manipulados para someternos y es nuestra obligación social y ciudadana no agachar la cabeza y consentir. Por no decir nuestra única posibilidad de sobrevivir.