domingo, 8 de junio de 2014

ME TIRAN DE LA LENGUA

La verdad es que no pensaba hacer un post sobre el actual debate entre Monarquía y República pero al final, de tanto oír hablar de lo uno y de lo otro, de ver tanta propaganda monárquica y de observar la “realidad” que cuentan los medios, acaban consiguiendo tirarle a una de la lengua.
A estas alturas, y a la vista de los argumentos para negar la evidencia -o lo que a mi me parece evidente- que esgrime la mayoría de la clase política que se sienta a día de hoy en nuestro Parlamento y en nuestras tertulias , ya no sé ni si he entendido en qué consiste una república, ni tampoco cuándo y cómo puede convocarse un referéndum.
Respecto a lo del referéndum, la verdad es que estoy todavía por saber a qué sentencia se refieren cuando dicen cuál es el procedimiento que hay que seguir pero respecto a lo de la forma política del Estado, según mi humilde entender, en términos generales y sin entran en modelos, se resume así:
  • En el caso de una República Democrática, el acceso a la Jefatura del Estado se produce a través de las urnas mediante el ejercicio de sufragio del pueblo, titular de la soberanía, pudiendo optar a ocupar el cargo cualquier ciudadano en condiciones de igualdad, sin discriminación alguna. El Jefe del Estado ocupa el cargo para el que ha sido elegido durante un determinado periodo de tiempo al final del cual, en el caso de querer volver a salir elegido, habrá de someterse de nuevo a la voluntad del pueblo que podrá ratificarle su confianza o por el contrario, elegir a otro que también opte y que los ciudadanos consideren que puede hacerlo mejor.
  • En el caso de la Monarquía -parlamentaria o no- el acceso a la Jefatura del Estado se produce por razón de nacimiento a través de la sucesión -independientemente del mérito o la capacidad- en la persona del legítimo heredero -en el caso español, además, con el agravante de preferencia del varón a la mujer-. El rey ocupa la Jefatura del Estado con carácter vitalicio, siendo inviolable y no estando sujeto a responsabilidad. A esto es a lo que le llaman estabilidad, aunque a mi entender -confiera estabilidad o no- rompe por completo el carácter democrático y los principios de igualdad y de no discriminación.
No obstante reproduzco los artículos de nuestra Constitución, -escrita, afortunadamente, porque a veces oyendo las interpretaciones que hacen los políticos, los abogados e incluso los tribunales superiores merced a su superior potestad de interpretación, parece que algunos nos la inventamos- y añado, entre paréntesis, algunas apreciaciones personales.
Art. 1
  1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. (Podía haberse encabezado con: con excepción de lo dispuesto en el Título II que regula la Monarquía pero hubiera quedado un poco mal).
  2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
  3. La forma política del Estado español es la Monarquía Parlamentaria (bien pudo haberse escrito la República Democrática, República Federal o cualquier otra forma de forma política, creo yo).
Art. 14
Los españoles son iguales ante la ley (¿ante todas las leyes pero no ante la Constitución que es la Ley Fundamental a la que se supedita todo el ordenamiento jurídico?), sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. (Lo normal sería que si los miembros de la familia real son españoles, estuvieran incluidos también pues no admite discriminación alguna, pero, curiosamente no. Y en lo que afecta a la propia Institución de la Corona, y por tanto a la Jefatura del Estado, sucede justo al revés, que los que estamos excluidos, y por tanto discriminados, somos todos menos uno, con su consiguiente raza, sexo (y si me apuras, hasta religión).
Art. 57
  1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.
Las razones por las que la Constitución Española fue redactada en esos términos, tampoco las tengo claras ya, porque muchas de las explicaciones que había oído y leído antes de que el rey presentase su renuncia, hoy suenan a ciencia ficción.
Supongo que tendrá que ver con el famoso consenso, aunque a mi me de la impresión de que parece que empezaron redactando un buen modelo pero que en ese modelo metieron al final, "a capón", el Título II (democracia e igualdad sí pero no sin el rey ni sin privilegios para él y para sus descendientes), como consecuencia del artículo 1.3 (que supongo legitima la excepción).
De cualquier manera, uno y otro sitúan al Monarca y a la Monarquía por encima, no solo de todos los españoles, sino incluso de los propios valores Constitucionales y del resto de las instituciones, por no decir del bien y del mal -por más que sus actos políticos hayan de estar siempre refrendados-. Y si eso no es darle poder a una persona y a una Institución, “¡que venga Dios y lo vea!”, campechano o no, y haya desempeñado bien su cargo o no. Personalmente me parece, como poco, incoherente y contradictorio, por no decir antidemocrático, injusto o absurdo, pero he de reconocer que no soy jurista y que la mayoría de estos en España, lo ha integrado muy bien. Y digo también lo de que parece que ese artículo lo introdujeron a capón, porque el resto del articulado parece bastante, cuando menos, justo y coherente, al menos como base.
El caso es que así se diseñó, así se asumió, así se ha seguido interpretando, así parece haber funcionado y así sigue desde entonces “el capón”, pues parece ser también, que no ha habido lugar -por parte de ninguno de los gobiernos del PSOE ni del PP durante todos estos largos años y largas legislaturas- a la iniciativa de "consensuarse" -como sí han hecho en otras ocasiones- para reparar, cuando menos, el agravio al sexo femenino y ni tan siquiera para desarrollar lo mínimo que deberían haber desarrollado: la forma en que, de producirse, se llevaría a efecto la abdicación del rey. Así que, claro, les ha pillado por sorpresa y ahora todo son prisas. Y menos mal que la sorpresa no fue ningún inoportuno varón.
Afortunadamente, para reparar estas nimiedades y otras varias también de base constitucional, existe algo así como el consenso o el pacto de Estado que en España, al menos en nuestra historia más reciente, se ha reducido a que los dos partidos mayoritarios se ponen de acuerdo para lo que ellos entienden que son asuntos de Estado o institucionales.
Y eso sí, claro está, siempre de espaldas a la ciudadanía que les vota, y, por supuesto, sin voluntad política de consultar en referéndum como sugiere, en lo que parece la voluntad de dar una cierta participación a los titulares de la soberanía, el artículo 92.1 (“Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”). ¡¡¡No vaya a ser que la mayoría de ellos opine otra cosa, pobres ignorantes!!!, sobre todo si no hemos hecho antes una buena campaña de lavado de cerebro general.
A una le da por pensar que si algunos hubieran redactado hoy la Constitución, igual se les hubiera ocurrido pensar en borrar el punto 2 del artículo 1 (arriba citado) y así evitarse muchos problemas a la hora de decidir lo que nos conviene -aunque la verdad es que a efectos prácticos, últimamente -por consenso, por utilidad o por estabilidad-, lo cierto es que en muchos aspectos, pareciera estar tácitamente derogado y que estas formas de proceder se asemejasen mas al “Despotismo Ilustrado”, que a la democracia-.
¡Porque esa es otra!, ¡Qué desde la renuncia del rey, más parece que la ley suprema de nuestro ordenamiento fuese “el consenso del 77” y no “la Constitución del 78”!. Debe ser porque la Constitución del 78 incluye en su propio articulado los procedimientos para su reforma y en cambio el consenso, no.
Y sin embargo, parecen haber olvidado o no interesarles recordar, en qué contexto se llevó a efecto aquel famoso consenso de hace 37 años que aun hoy, algunos, pretenden que siga vigente:
  • Al finalizar un periodo de 40 años de dictadura y como consecuencia de la muerte natural de un dictador que se había alzado con el poder tras un alzamiento que provocó una guerra civil que acabó con un Estado democrático (República).
  • Tras dos años de Monarquía Absoluta de Don Juan Carlos de Borbón a quien Franco había designado su heredero (en este caso, no por la vía de la sangre sino por la misma vía por la que había hecho todo durante los casi 40 años que duró su dictadura).
  • En un momento de profunda crisis económica en el que el país se veía azotado por el terrorismo y la amenaza de un nuevo golpe de Estado que podría haber dado al traste de nuevo con la democracia, por otra parte, y a esas alturas de la historia, más que desarrollada en la mayoría de los países de Europa, esa Europa de la que pretendían -y poco tardaron en lograr- que formásemos parte (dudo yo mucho que hubieran aceptado una monarquía absolutista ni nada similar).
  • Durante el primer gobierno salido de las urnas en el recién inaugurado proceso de la transición que, como resultado de una amplia presencia del ansiado pluralismo político, carecía -sin determinados apoyos- de la capacidad de sacar adelante ninguna de las necesarias reformas.
  • Y que fue, además, precedido de unos Pactos, los Pactos de la Moncloa, de carácter económico, social, jurídico y político, en los que se tuvo en consideración a las asociaciones empresariales (que ahora van directamente a negociar de la mano del rey), a los sindicatos (hoy ignorados y ninguneados cuando no vilipendiados). Y que dichos Pactos fueron firmados por la Unión de Centro Democrático de Izquierdas (entonces al frente del gobierno y hoy desaparecida), Partido Nacionalista Vasco y Convergencia y Unión (hoy a la búsqueda de la independencia del Estado Español), , el Partido Socialista Popular (hoy desaparecido), Convergencia socialista de Cataluña (hoy desaparecida), el Partido Comunista (hoy un grupúsculo más en Izquierda Plural) Alianza Popular (hoy desaparecida y que parece ser que de puño de Manuel Fraga firmó el acuerdo económico pero no político) y el Partido Socialista Obrero Español, ¡el superviviente por excelencia! Y con su permiso, o sin él, hoy por hoy, el comprometido oficial.
¿Ese es el consenso que sigue vigente? De verdad que lo escucho y no lo creo. ¿De verdad tiene esto algo que ver con la actual España de las autonomías y con nuestra actual democracia y Parlamento? A mi lo único que me parece que sigue vigente es el PSOE y teniendo en cuenta que parecía ser un partido republicano -amen de socialista y obrero- ganas me dan de ponerme a llorar.
Y ni que decir tiene que en todo este “maremagnum real”, los ciudadanos ni están ni se les espera. Los ciudadanos no intervienen porque no tienen forma humana de intervenir. Porque ya, ni siquiera escuchan la voz de la gente en la calle, salvo para lo que les interesa: perseguir y criminalizar. Y porque el derecho de manifestación que recoge la Carta Magna, ahora lo interpretan como el derecho al pataleo -esto no lo dicen ellos, lo extraigo yo de como hablan de ello y de la forma en que le dan o ni le dan importancia y repercusión-.
Y por último, que ya me estoy extendiendo demasiado. El PSOE y el PP han decidido pactar, en este importantísimo momento histórico y con la única finalidad de coronar a Felipe VI -o como le quieran llamar porque para mi es el interino mientras no lo ratifiquen las urnas-, en base a la legitimidad y la representación de la voluntad de la mayoría ciudadana que les otorgaron los resultados electorales de 2011, cuando creo, y solo digo creo, que los que votaron al PP lo hicieron para que venciese y gobernase el PSOE y que los que votaron al PSOE lo hicieron para que venciese y gobernase el PP. Y probablemente, la mayoría de todos ellos, en la coyuntura de crisis que atravesamos, con la esperanza de que hubiera justicia social y puestos de trabajo dignos para todos.
Creo que los que votaron a a uno y a otro en las lecciones del 2011, querían respectivamente que ganaran esas opciones políticas porque confiaron en sus discursos y en sus programas pero lo que no tengo tan claro, es que la mayoría de ellos lo hiciera para que PSOE y PP fuesen de la mano -al menos no tanto como nuestros representantes parecen tenerlo-.
Y lo creo, sobre todo, porque eso, en ningún momento se planteó durante la campaña electoral ni creo que formase parte de ninguno de sus programas electorales, que es lo que en definitiva los ciudadanos votan para que se lleve a efecto durante la legislatura -o así lo entiendo yo- y porque ni tan siquiera -que yo sepa- forma parte de sus idearios, que para más “inri” eran, en el caso de los orígenes del PSOE, republicanos.
Y a las pruebas me remito cuando, durante estos casi tres años, no han dejado de echar sapos y culebras culpándose uno al otro de la lamentable situación que atraviesa nuestro país merced a las respectivas herencias recibidas y reprochándose, respectivamente también, los incumplimientos de sus programas electorales durante sus etapas de gobierno. Por no hablar de la corrupción, porque no sólo me extiendo sino que además, ¡me enciendo!. Se ve que eso, también contribuye mucho a la estabilidad.
Y desde luego que no creo yo que la actual situación sea como para que ahora se echen flores los unos a los otros ni como para que hablen de éxito de todos estos años de sus gobiernos, de sus mayorías, de sus consensos y de esta democracia, con la Corona a la cabeza de la Jefatura del Estado Español. Claro que, a lo mejor es que aun tenemos que esperar un reinado más para ver sus frutos.
Bueno, ya ha quedado claro que los ciudadanos no hablan pero ¿y los políticos y los periodistas? Los políticos sí que hablan y los periodistas, los periodistas ni callan, en especial en los medios propiedad del capital privado, que son el 90% o más, pero también en el que se supone que se financia con nuestro capital público y que debería, por tanto, ser objetivo e imparcial.
Y la mayoría dicen que la Monarquía es legítima (y lo será, que no digo yo que no sea legal) porque así se aprobó que lo fuera a través del referéndum por el que se votó la Constitución.
Y también dicen que la gente votó con libertad y sin el temor de que si se decía que no a la Constitución, el siguiente capítulo se volvería a escribir en términos de absolutismo.
Y dicen que en España no había miedo cuando se votó la Constitución pero la historia certifica que sólo pasaron 5 años hasta producirse el intento golpista del 23F, que todos sabemos como se resolvió, con sus luces y sus sombras. E insisten en que la gente no tenía miedo pero desde luego que los que los que estaban aquel día en el Congreso, parecían acojonados y seguro, también, que aquello de que muchos socialistas y comunistas hicieron las maletas aquella noche para salir pitando de España, tampoco fue un cotilleo de barrio. Se ve que entonces, no nos representaban.
Dicen tantas y tantas cosas para manipular la verdad y arrimar el ascua a su sardina, que no sé como pretenden que les podamos creer.
Aunque en realidad, a lo que más se dedican los medios de comunicación (manipulación) es a vendernos la Monarquía como si de un maravilloso e inimitable producto de moda se tratara.
Pero lo que no dicen es de qué forma aquel pueblo español -que no es el mismo pueblo ni la misma voz que hoy- podía haber dicho “no” a la Monarquía sin renunciar a mucho más del 95% de un articulado que seguramente estaban todos ansiosos de aprobar y que de hecho aprobaron. O simplemente, de qué forma podían haber dicho “no” o si les parecía más justa una República como forma “política” , la que fuera, de nuestro nuevo Estado, o si aceptaban a don Juan Carlos en calidad de rey, a la espera de un nuevo debate cuando se hubiera alcanzado mayor estabilidad y la suficiente madurez democrática. Simplemente pudieron aprobar, o no, la Constitución. Tal vez los políticos si lo decidieron pero los ciudadanos, NO!!!
Desde luego que no es Monarquía o República el asunto que más me preocupa en estos momentos, me preocupan mucho más el 28% de las familias en el umbral de la pobreza, las diferencias cada día más vergonzantes entre los que más tienen y los que ya no tienen casi nada y los derroteros que está tomando esta forma de democracia porque, lo veáis o no, lo están haciendo casi todo con absoluto desprecio a la soberanía del pueblo español y también al sufrimiento de muchos, muchísimos de sus ciudadanos.
Me da igual incluso que no se plantee ahora un referéndum sobre la forma política del Estado español, aunque está claro que yo lo quiero porque me parece que la Monarquía no es una forma política completamente democrática , por muy parlamentaria que sea y por mucho que en algunos países queden reminiscencias de un pasado privilegiado y medieval.
Y Porque no me parece ni medianamente razonable, por muy legal que pretendan que sea y será, que la única posibilidad que nos dejen a los ciudadanos de decir que queremos hacerlo efectivo, sea votando a un partido político para que lo lleve en su propuesta de programa de gobierno en las próximas elecciones, entre otro grueso de propuestas de políticas económicas y sociales que decidirán las vida de los ciudadanos para los siguientes cuatro años y con las que podremos estar de acuerdo, o no, independientemente de la forma política de Estado que queramos.
Y porque me parece que utilizar ese procedimiento, por muy legal que fuera, sería tan injusto y tan antidemocrático como creo que fue la supuesta ratificación de la Monarquía entre el grueso del articulado de la Constitución, por muy necesario que pudiera parecer, o ser, en aquella coyuntura histórica.
Y porque el rey ha renunciado ahora y yo, sí creo que precisamente por eso, ha llegado el momento ofrecer a la ciudadanía, lejos ya del fantasma de la guerra civil y de la dictadura, la posibilidad de decidir y de iniciar, tras el paréntesis, un nuevo y democrático proceso de transición hacia una democracia completa. Lo cierto es que llevo años esperándolo.
Y lo que creo es que, aunque lo consigan retrasar, más tarde o más pronto, si seguimos considerando que una democracia de verdad es el caballo de batalla, llegará una República. No sé de qué tipo pero creo que llegará. Y no porque desee ¡que triunfe la República! ni porque piense en la del 31 sino porque lo que de verdad deseo, con el corazón, es que lo que triunfe, sea la razón.
Porque el dinero empleado en educación, siempre es un dinero bien empleado y al igual que Felipe VI estará muy bien preparado, que no lo dudo, la juventud española también lo está y, con un 60% “a verlas venir”, tienen mucho tiempo para organizarse y trabajar para hacer reales y efectivos nuestros derechos y que dejen de ser sólo vanas palabras escritas en la Constitución. Si es que antes no se ven obligados a irse de España -que muchos, seguramente muchos de los mejores, se han ido ya-.
Pero para lograr eso, lo que parecen estar dejando claro, es que tienen y tenemos que sustituir a los que están ahora, bueno -prácticamente ahora y siempre durante toda esta nueva etapa democrática- y eso es a lo que de verdad, los que ahora detentan el poder, tienen miedo.
Y por eso es por lo que harán todo lo posible para blindarse intentando disfrazarlo de democracia mediante leyes, constitucionalidad, consenso, legitimidad y muchas otras mandangas más que solo ellos entienden.
Y advierto a la juventud, de que también ha quedado demostrado que igual que nuestra fuerza es el dialogo y la unión, la suya son los medios de comunicación (manipulación). Porque saben que mientras estáis viendo el fútbol o de botellón, no estaréis trabajando para defender vuestros derechos. Y que mientras enarboléis la bandera de España porque 22 multimillonarios han ganado el mundial, España irá bien para ellos.
Juzgar vosotros si para vosotros también.

Así es como yo lo veo, como siempre desde luego, desde la opinión, desde la ignorancia y desde la humildad pero espero que también desde el sentido común, ese sentido común que no debemos perder, interpretemos bien las leyes y la historia o no.

sábado, 31 de mayo de 2014

RENTA BÁSICA

Hoy, me siento atrevida. Y como atrevida es la ignorancia, voy a plantear mi punto de vista sobre el tema de la renta básica, algo que para algunos sería una barbaridad, para otros una posibilidad de generar riqueza, para otros un chollo y para muchos otros, por desgracia hoy en día en nuestro país, una tabla de salvación.
Y claro está que lo voy a hacer desde la teoría y desde el corazón más que desde la realidad de las cifras porque, a decir verdad, a partir de determinados ceros, las números, a mi humilde persona, no le caben en el cerebro. No obstante, afortunadamente a estos efectos, habría otros más capacitados para echar las cuentas y seguramente que también para crear las condiciones más justas.
Lo primero que se me viene a la cabeza es imaginar un hipotético caso en que una determinada sociedad, decide votar a un determinado partido político que lleva en su programa hacer efectivo si logra el apoyo de la mayoría, que todas y cada una de las personas que nacen en un determinado país -en concreto en nuestro país- tengan derecho, por el solo hecho de haber nacido en él, a que el Estado contribuya a su desarrollo y supervivencia con, digamos, 300 euros al mes, por poner una cifra.
Tampoco es el único ejemplo de renta básica, pues decidme si no es verdad que una renta es lo que obtienen, por ejemplo, los miembros de la Familia Real por el mero hecho de serlo. Bueno, lo de básica, es un decir.
Yo lo imagino como cuando un individuo nace, sea deseado o no -a decir verdad, incluso antes-, y por el sólo el hecho de nacer adquiere determinados derechos y deberes en relación a sus progenitores; derechos y deberes mutuos que son además irrenunciables. Y no lo digo yo, lo dice el Código Civil cuando regula el nacimiento y las relaciones familiares. Y no sólo los adquiere frente a sus progenitores, sino también ante la sociedad y por lo tanto ante el Estado, supuesto garante de los mismos.
La imaginaria relación que podría establecerse entre el Estado y sus ciudadanos, vendría a tener un espectro similar. ¡Y no penséis que esto es tan marciano! No en vano, entre unos y otro existen relaciones parecidas, reguladas y regladas, por las que, según la Constitución, los ciudadanos, por el mero hecho de serlo, tienen determinados derechos y deberes respecto al Estado y éste a su vez respecto a sus ciudadanos, igualmente irrenunciables, al menos, en teoría.
Lo vengo a decir, porque está claro que la idea de una renta básica “per cápita”, no está concebida como un chollo para que la gente pueda vivir de ella sin tener que trabajar, sino como un derecho de los ciudadanos, de todos y cada uno de ellos, a recibir de los poderes públicos la mínima y debida protección económica, de la misma forma que desde su nacimiento reciben protección jurídica, al margen de las obligaciones de sus progenitores y les parezca bien a estos o no. Porque es el Estado, a través de las legislaciones, el que en definitiva establece las reglas del juego, por encima de las relaciones familiares y por encima incluso de la persona como ser individual. Y esto es así, nos guste o no.
En una sociedad medianamente normal, al menos en nuestro “supuesto” estado de civilización, a nadie se le ocurriría pensar que los individuos optan por concebir por el mero hecho del beneficio que un hijo les podría reportar, sino que más bien lo hacen, o sin pensar o sin querer, o desde la responsabilidad de las obligaciones que traer un hijo al mundo les habrá de acarrear. En todo caso, si esperasen obtener algún beneficio o alguna satisfacción, desde luego que estos serían más a nivel afectivo y emocional que desde un punto de vista económico. Y ello sin perder de vista que, de forma natural y desde el origen de los tiempos -al menos conocido- la reproducción es tan consustancial a los seres vivos, como lo es la propia esencia de la vida.
También es posible que tal vez algunos pensasen en tener hijos por el derecho a percibir esa renta pero, dado que el derecho sería de la persona, el máximo tiempo por el que los progenitores se podrían “beneficiar”, sería hasta su mayoría de edad y habida cuenta de lo que económicamente cuesta criar un hijo con tan solo lo básico para su supervivencia y habida cuenta también de la debida tutela que el Estado ejerce y debe ejercer sobre los menores de edad, sinceramente, ni creo que compense ni creo que, en su caso, debería compensar.
Y lo que no es menos cierto es que tal vez sea peor para una sociedad ir envejeciendo por el miedo a no poder acceder a los recursos necesarios para que los nacidos se desarrollen con unas mínimas condiciones de dignidad o que estos nazcan -y nacen y viven o mueren- sin ellos. O, ya puestos, que otros ni lleguen a nacer porque algunas madres (y padres, no lo vamos a ignorar) ante hechos consumados, consideren una responsabilidad optar por abortar, visto lo que se les viene encima y el futuro que a sus hijos les espera.
A veces se me viene a la cabeza que, de seguir por estos derroteros, sólo los hijos de los ricos tendrían derecho a nacer. ¡Que cosas se me ocurren!.
Lo que sí tengo claro es que, en una sociedad en la que el 60% de los jóvenes no tiene acceso a un puesto de trabajo; en la que el 26% de las personas en edad laboral, tampoco lo puede encontrar; en la que muchas familias ni trabajando consiguen llegar a fin de mes; en la que miles de niños la única comida decente que hacen al día es en los comedores escolares; en el que miles de pensionistas no pueden acceder a la necesaria medicación; en el que en miles de hogares no encuentra trabajo ninguno de sus miembros; en el que tantas personas han pasado a engrosar las listas de los marginados sociales: sin trabajo, sin dinero, sin techo y sin comida; en el que las diferencias sociales cada día aumentan más y más; algo hay que hacer para revertir esta pirámide mortal. Y hablo de miles por no sumar, porque entre unos y otros, en realidad, son millones.
Es cierto que tal vez mucha gente podría sobrevivir con esta renta y no se molestaría en tener que trabajar pero también es cierto que ese es su problema y no el del resto de la sociedad. Y también que el Estado podría quedar exento de esta obligación desde el momento en que el ciudadano dejase de residir en el país, así como durante el tiempo en que pasasen a residir, a cargo del Estado, en alguna de las muchas celdas en las que alojamos a los que optan por formas no legales de obtener sus rentas o desahogar sus peores instintos. Y cierto también que habría otras muchas cosas, como por ejemplo el fenómeno de la inmigración, que sería imprescindible considerar para no faltar a la justicia ni traicionar la cordura.
Luego viene la segunda parte. Supongamos que es cierto que una parte de la sociedad se conformase con esa renta básica. ¿Que se habría logrado? Por una parte, que todos los ciudadanos, por el mero hecho de serlo, pudieran sobrevivir -que no es poco- sin tener que delinquir, sin tener que mendigar. ¿Y cómo sobrevivirían? Consumiendo. Consumiendo lo básico, pero consumiendo. ¿Y que supone ese consumo? Pues supone dinero en circulación, demanda, empleos, ahorro, impuestos, de tal forma que, de alguna manera, ese mismo dinero invertido en la sociedad, redundaría en las inversiones privadas y en las arcas públicas si los beneficios y la contribución al bien social se distribuyese de forma justa y equitativa, proporcionando así el capital que el Estado necesita para proveer a sus ciudadanos de, al menos, los derechos básicos que les otorga la Constitución, en realidad de los tan cacareados y ninguneados derechos humanos. Pues para eso debe existir el Estado, o eso creo yo.
Porque, y esta es la tercera cuestión, ¿de verdad pensáis que la mayoría de los ciudadanos se iban a conformar con esa renta básica de supervivencia y no iban a querer trabajar para procurarse un mejor nivel de vida? ¿De verdad creéis que una familia media de, por ejemplo, cuatro miembros, se limitaría a intentar subsistir con 1200 euros al mes?
Yo creo que no aunque lo que de verdad desearía es que lo de menos fuese la cantidad.
Creo que la mayoría de la sociedad seguiría demandando esos trabajos con los que realizarse como personas y con los que mejorar su calidad de vida en general.
Creo que las personas tendrían más oportunidades de estudiar y de trabajar por vocación y de poner sus capacidades al servicio de la sociedad que en definitiva somos todos y también que sus conocimientos y su crecimiento científico e intelectual, lo aportarían con gusto a esta nueva familia social de forma que todos nos beneficiaríamos de los frutos del esfuerzo y el dinero dedicado a su formación.
Creo que nuestros jóvenes podrían ser independientes y empezar a desarrollar sus vidas y a crear nuevas familias, si es su deseo, cuando es lo natural y no cuando se lo puedan permitir, si es que no llega el día en que ni se lo puedan permitir.
Creo que nuestros mayores, después de toda una vida trabajando, podrían esperar el fin de sus días con dignidad.
Creo que, en todo caso, puntualmente, alguno de los miembros podría permitirse el lujo de quedarse en casa ocupándose de sus hijos, de sus dependientes o de sus mayores y procurarles los cuidados, la atención y el amor que necesitan en determinadas etapas de su vida.
Creo que la mayoría optaría por apretarse un poco más el cinturón en el caso de no tener acceso, por la circunstancias que fuesen, al mercado laboral y creo que sus vecinos dispondrían también de medios para, en casos extremos, poderles ayudar porque la solidaridad, también sería un importante valor social.
Y creo que la mayoría querría disponer, además, de pequeños capitales para acceder a los mejores cuidados para sus enfermos, dependientes, mayores, y sobre todo para procurar a sus hijos durante el tiempo en que ambos progenitores se pudieran dedicar a trabajar, una mayor y mejor formación afectiva, emocional e intelectual, amen de para disfrutar todos ellos también, de su no menos merecido tiempo de ocio, sin tener que sentarse obligatoriamente frente a un televisor, un videojuego o salir únicamente a pasear.
Y esto visto desde un punto de vista puramente individual y no social, que es como en realidad se debería concebir.
También es cierto que habría muchas -sino todas o la mayoría de las demás- subvenciones que suprimir para que hubiese dinero para todos, de la misma forma que habría que poner ciertos límites a los deseos de acaparar riqueza o de aprovecharse de este derecho social para socavar otros pero también es cierto que creo que todo esto, sólo podría redundar en un mayor y mejor reparto del trabajo y en una mayor y más justa distribución de las rentas y con ello de la justicia social y que este sería un mejor camino para la verdadera evolución de la humanidad.
Es cierto que tal vez todo esto lo digo desde una conciencia de honestidad, sin querer pensar en que nadie quisiese aprovecharse ni estafar al sistema -lo cual sería más difícil, todo hay que decirlo- y desde la óptica de quien cree que la felicidad no consiste en poseer más y más. Y tal vez, también sea lamentablemente cierto que esa conciencia es lo que aun nos falta a los que conformamos esta sociedad, para que esta “utopía”, sea una realidad.
Empezando porque carecen de conciencia los intereses que ahora nos gobiernan y también los Estados que, lejos de velar por nosotros, velan por ellos.
Porque lo que también veo claro es que a determinados capitales de este mundo -que sólo buscan su propio beneficio y no el de la sociedad (ni en los casos particulares ni en la economía global)-, no les gustaría nada este otro sistema que les restaría el poder que necesitan y que ahora tienen para ser ellos los que marcan las reglas del juego, las verdaderas -y al mismo tiempo falsas- leyes de “la oferta y la demanda”, de la “democracia”, de la comunicación (manipulación) y de la opresión y esclavitud de la mayoría social.
Y porque no decirlo, tal vez también de que en este mundo no haya paz porque, que la hubiera, probablemente tampoco sería beneficioso para sus putos intereses económicos.
Salvo esos -no nimios- detalles, en lo básico y en lo que demanda el conjunto de la sociedad, no sé si habría otras muchas cosas que cambiar porque creo que con un poco de conciencia y sentido común, muchas cosas irían cambiando con la propia forma en que las personas deberían empezar a entender lo que significa vivir en sociedad. Y me pregunto si esto no nos conduciría a volver a tener la economía a nuestro servicio y no al servicio del capital y también si sería el mayor de nuestros problemas, no encontrar mano de obra para trabajar o para colaborar.
Y también creo que la mayoría de las personas en todo el planeta desearían creer que esto es algo más que el sueño de unos cuantos y trabajarían por hacerlo realidad de forma que el ejemplo se extendiera, poco a poco, a todos los rincones de la tierra.
Tal vez al final los Estados, al igual que la sociedad, sencilla y llanamente, seríamos todos.



domingo, 11 de mayo de 2014

YO, SÍ VOTO

Ni que decir tiene, que no vi el Festival de Eurovisión.
A decir verdad, hace ya demasiados años que no lo sigo aunque he de reconocer que hubo un tiempo en el que me entusiasmaba y otro en el que veía las votaciones porque me parecían curiosas y por la ilusión de que nuestra canción pudiese ganar; ello fue hasta que dicho proceso de votación empezó a resultarme vomitivo, no solo por respeto a la música, sino también por respeto a la justicia en general.
Cuando intereses espurios se sobreponen al interés musical en sí mismo, ¿qué sentido tiene esta competición?. Desde luego que para mí, ninguno. No en vano nuestro país, junto con Francia, Italia, Reino Unido y Alemania, forman lo que se conoce como el “Big Five” lo que les confiere el privilegio de acceder directamente a la final, independientemente de la clasificación obtenida en la edición anterior, dada su condición de ser uno de los cinco mayores contribuyentes financieros a la UER (Unión Europea de Radiodifusión), sin la cual la producción de este Festival, no sería posible. ¡¡¡Tampoco nos iba a salir gratis!!!
Pero al margen de estas, imagino que inevitables, minucias de carácter económico, me costaba más soportar como, año tras año, dábamos las mejores puntuaciones a nuestros vecinos portugueses o Franceses y viceversa, más en una clara manifestación de solidaridad fronteriza que de amor a la cultura musical. Ni te cuento ya lo que hubo que soportar cuando entraron a participar en el festival los países del Este que, para nuestra desgracia eurovisiva, eran y son muchos más. Tampoco resultaba raro vislumbrar algunas que otras ciertas filiaciones políticas, o eso creo.
¡Y que al final ganarían los mejores! que no digo yo que no.
En resumen, que si nuestro “Uribarri” era capaz de predecir a quien iban a ir dirigidas las mayores puntuaciones antes de que se emitiesen, realmente algo olía a podrido en lo que respecta a la justicia musical del susodicho festival.
A decir verdad, este año, no sólo es que no he visto el Festival, es que ni había tenido noticia de cuándo se celebraba, porque hace un tiempo que, por salud mental y también emocional, soy más selectiva con lo que se asoma por la gran pantalla y, en consecuencia, cada vez es menos lo que yo me asomo a ella.
Tanto es así, que para poder saber con qué canción había participado España en esta ocasión, he tenido que buscarla hoy en internet, pues ni tan siquiera la había oído. Lo que sí llegó a mis oídos, fue que este año nos presentábamos con una canción en inglés, por lo que, escuchado el tema, sólo me queda dar las gracias porque han tenido la deferencia de que la canción empezase en castellano y que, de esta forma, se haya podido identificar cuál era el tema que nos representaba.
Ni que decir tiene que respeto la elección -no en vano yo también estoy intentando aprender inglés porque es un idioma que resulta fundamental hoy en día para moverse por los recovecos de la expansión y la globalización- pero no puedo estar en absoluto de acuerdo sobre todo por dos razones:
  • La primera y fundamental es que, por encima de cualquier interés, España tiene el privilegio de ser la madre de una de las lenguas más habladas a nivel mundial -merced a su riqueza y a los devenires de las conquistas ultramar- y con una calidad literaria y cultural que nada tiene que envidiar a la inglesa y mucho menos a la China, por muchos chinos que se expresen en dicha lengua.
  • La segunda porque, independientemente de que me la bufe este “Festival”, en absoluto me sentiría representada como perteneciente a una nación con una lengua que, no sólo no está en mi cultura, sino que tampoco forma parte de su esencia ni de su identidad musical. A decir verdad, me hubiese sentido más representada por un tema en euskera, en catalán, en valenciano, en galego o, sí me apuras, hasta con una jota aragonesa, aunque hubiésemos quedado en el último lugar.
En resumen, que no me quiero alargar. Que respeto la elección y que le doy mi enhorabuena a la participante que parece ser que no ha quedado nada mal pero que tengo la impresión de que en Eurovisión, como en Europa en general, ya sabemos “quien maneja nuestra barca”, si es que aun tenemos una barca que manejar, y que os animo a que al año próximo, presentéis una canción en alemán.
Y por supuesto que, de ahora en adelante, ¡ni me nombréis la #marcaespaña! porque esto forma parte, precisamente, de una marca que representa intereses que poco o nada tienen que ver con España ni con los españoles, y de la que, más que orgullosa, me siento avergonzada. Y hubiese dicho lo mismo aunque hubiéramos ganado.
Y por supuesto, desearía que, visto lo visto, no gastasen ni uno sólo de los euros que aporto a las arcas públicas, en promocionar el Instituto Cervantes porque hay cosas muy necesarias en las que gastar y muchas formas de promocionar el castellano sin tener que gastar ni un euro más.
Bajo mi punto de vista el castellano, y la riqueza musical y cultural española, ha quedado a la altura del betún. Y eso, para mí, es lo que no es fácil de asimilar y lo digo porque no me puedo callar.
Ahora toca elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. A ver si empezamos a tener claro a quienes son a los que van a representar, como queremos que lo hagan y quienes intentaran hacerlo, aunque no ganen.
Es mi deseo y por eso el 25 de mayo, yo sí voy a votar.



jueves, 1 de mayo de 2014

TENÍA QUE DECIRLO

Hoy es el día ¿del trabajo?, ¿de los trabajadores?, ¿del derecho de los trabajadores?, ¿de fiesta?, ¿de reivindicación?... Bueno, es igual, hoy es 1 de mayo.
Hoy es uno de esos típicos días institucionales en los que todos, desde los sindicalistas a los empresarios, pasando por los políticos y los periodistas, -si te descuidas, para mofa, hasta el rey- hablarán del derecho al trabajo y como no, en España, con un paro y una situación como la que nos está tocando sufrir, también del drama social.
Lo respeto, cualquier día es bueno para reivindicar pero a mi me gusta ser un poco más original y por eso, una vez más, hoy también voy a hablar del #22M y sus marchas de la dignidad. Porque, a pesar de todo lo que ya he dicho, y se ha dicho, y a pesar de que a muchos les pueda parecer que aquello terminó, otros muchos pensamos que eso no terminó, ni terminará, hasta que logremos que haya pan, techo y dignidad para todos.
Hoy vuelvo a hablar del #22M porque todavía hay algo que se me ha quedado en el tintero, algo que me quema el alma y no me puedo callar.
Lo cierto es que a lo mejor muchos no entendieron o no entienden la lucha como nosotros la entendemos -en las calles y no solo votando o sentados frente al televisor viendo las vidas de otros pasar y escuchando lo que los que lo financian quieren que oigamos y sepamos- pero lo que nadie puede negar es que aquella fue una multitudinaria y pacífica manifestación de reivindicación del derecho al trabajo y de los derechos de los trabajadores, en activo o no, tan respetable y tan digna como lo puedan ser hoy, que seguro que también las habrá.
Lo cierto es que allí acudimos, desde muchos puntos de España, decenas de miles de ciudadanos y que con los que se nos unieron en Madrid, probablemente fuimos cientos -digan lo que digan los esbirros del Gobierno, que ya me gustaría a mi que nos numerásemos de una puta vez para que se pudiera dejar de hablar de las majaderías de cifras de las que se habla-; de cualquier forma, no creo que la cifra sea lo fundamental.
Lo que sí es cierto es que fue una manifestación multitudinaria, plural, multicolor, pacífica, cordial, casi festiva. Y lo que también es cierto es que la mayoría disfrutamos de encontrarnos ¡tantos! unidos por la dignidad. Muchos acudieron con sus hijos, como no podía ser de otra manera, porque la gran mayoría de nosotros somos gente comprometida y con conciencia y enseñamos por tanto a nuestros hijos a reclamar nuestros derechos, todos los que como humanos nos corresponden, con el ejemplo que nuestra propia lucha conlleva. Y sin miedo, porque lo normal es no tener miedo cuando en tu espíritu no está la violencia, sino la paz.
Lo cierto es que para muchos de los que nos tuvimos que desplazar, supuso un enorme esfuerzo de horas de viaje, horas de pie, horas en vela y que ese esfuerzo no fue nada comparado con lo que fue para muchos otros, para los verdaderos héroes, de horas de marcha, de ampollas, de lluvia, de frío o de sol, de mal dormir, de cansancio... Y también es cierto que para otros muchos lo fue de horas de organización, de reuniones, de consensos, de campaña, de divulgación, porque tan cierto como que me voy a morir -y eso no creo que a estas alturas nadie se atreva a ponerlo en duda- es que pareció haber un cómplice y sospechoso voto mayoritario de silencio sobre lo que se avecinaba en Madrid, por parte de los medios de, ¿información?, ¿comunicación?, ¿manipulación?, que no escatimaron medios para llenar incluso ese silencio con otras cosas que, probablemente, en otras circunstancias, tal vez no hubieran venido a cuento.
Lo cierto es que las marchas fueron un éxito a pesar de que !ni de lejos estuvieron todos los que debieron estar!. Porque lo que también es cierto es que, por encima de ideologías y de partidos políticos y sindicatos -que también los habrá- los que conforman la mayoría de los movimientos sociales, como los que participamos en sus convocatorias a nivel individual, somos la propia sociedad. Tan cierto como que no luchamos por intereses particulares sino por el común interés social y tan cierto, lo quieras ver o no, como que dentro de ese interés estamos todos, incluid@ tú.
Lo que yo creo es que te quieren engañar porque la verdad es que no quieren que nuestra lucha triunfe, porque muchos de los que viven de la carroña que genera este sistema, su sistema, saben que para ellos sería el final. Y por eso es que nos han llamado de todo, hasta terroristas, sin escatimar en medios para hacernos pasar por enemigos de la sociedad. También es verdad que nosotros estamos casi acostumbrados ya aunque sigamos sin poder entender como esta sociedad sigue cayendo en las mismas trampas una y otra vez.
Y también es cierto que el día, que no la manifestación, acabó “como el rosario de la aurora”, y que, a pesar de toda la dignidad de que hicimos gala como viene siendo habitual -como también viendo siendo habitual- lo que verdaderamente transcendió fue sólo el "Apocalipsis" final, las imágenes de la barbarie y de la violencia, la excusa necesaria para desprestigiar porque es lo que a los medios, al servicio de intereses económicos y no sociales, les interesa.
Pero yo, me cago en ellos y me cago en las muelas de todos los malnacidos que se encargaron de reventar el #22M, fueran de izquierdas o de derechas; manifestantes o policías; periodistas o gobernantes; propios o ajenos; víctimas o verdugos.
Quienes fueran, me da igual. Porque para mí, esos son los verdaderos fascistas en esta sociedad: quienes por encima del trabajo y el esfuerzo de las personas; por encima de los derechos de todos; por encima de la seguridad incluso de niños y ancianos; por encima del sufrimiento ajeno; por encima de la convivencia y la paz social y por encima del respeto que se merece la propia sociedad, pretendieron imponer e impusieron su voluntad.
Y no hay mucha diferencia en que sea con leyes o con palabras; que sea con palos y piedras o con porras y bombas. El medio me da igual porque para mí, el fin no lo justifica.
Tenía que decirlo.
Y también tengo que decir que les va a dar igual porque, por mucha fuerza que ellos tengan, nuestra conciencia y nuestra dignidad tiene aun más y con ella, y con la razón, es como, más tarde o más pronto, vamos a ganar.

Y con nosotros y con nuestra lucha pacífica y digna, la humanidad.

Adjunto unos enlaces para quienes quieran ver la otra realidad, la que probablemente no vieron ni verán en la televisión.


domingo, 20 de abril de 2014

Mi querida Europa, esa Europa mía, esa Europa nuestra

Por delante, las elecciones europeas!!! Ahí es ná!!!
Vuelven al ataque nuestros políticos a querernos como nunca y a desearnos lo mejor, eso sí, con la solemne promesa de que tan pronto se alcen con el escaño, cumplirán con todo lo prometido.
La segunda parte la conocéis, pues hay cosas que nunca parecen cambiar: prometer hasta meter, después de metido, nada de lo prometido.
Siempre fui muy escéptica con nuestro ingreso en Europa, como siempre, desde la ignorancia, la intuición y la observación. Y también tenía -por aquello del “piensa mal y acertarás” porque no decirlo- la terrible sensación de que nos la iban a meter doblada.
A día de hoy, no he cambiado mucho mi forma de pensar y vista la situación actual del país, me pregunto si, una vez más, mi intuición no estaría cerca de la razón.
Una, que es una humilde ciudadana, no podía tener razones macroeconómicas ni microeconómicas para entender la conveniencia o no de entrar en una organización supranacional, por lo que, lo que verdaderamente me rechinaba, era la pura incoherencia y la clara contradicción.
Nací en una España aparentemente unida: “una, grande y libre”. Ya se encargó Franco, y casi 40 años de su régimen dictatorial, de que así lo pareciera. Cuando este individuo murió, yo apenas contaba 10 años, por lo que, amen de calcular mi edad, podéis imaginar que por aquel entonces, Cataluña era una región más y las vascongadas, un lugar en el que había unos asesinos que querían acabar con la unidad del estado español y su legítimo gobierno.
Pero mira tu por donde, tan pronto el dictador murió, comenzaron a salir como de debajo de las piedras los nacionalismos que habían permanecido latentes y, además, los que ni se conocían ni se les suponía, y España cambió de arriba a abajo su estructura de unidad nacional dividiéndose en 17 comunidades autónomas y, de propina, dos ciudades autónomas más, Ceuta y Melilla.
Al principio, no lo entendí mucho. A decir verdad, nada.
Cuando se ha nacido en una pequeña ciudad castellana que creía haber sido España desde la unificación de los reinos de Castilla y de Aragón por los reyes católicos y donde siempre se había hablado español (que ni siquiera le llamábamos castellano), que España pudiera entenderse en otro idioma o no fuese una nación, tal como parecía que podía acontecer, era difícil de interiorizar. Más no tardaron en hablarme de Bravo, Padilla y Maldonado y hasta yo canté aquello de: “1521, en abril para más señas, envían a la justicia a quienes justicia pidieran...”
Parecía entonces razonable, de cara a una gestión más próxima a los múltiples intereses, identidades y culturas, que la administración de la cosa pública se descentralizase, y, en base a una más que precaria articulación constitucional, empezaron a repartirse competencias a diestro y siniestro, pasando del hasta entonces Estado central, a la diversidad de Estados en los que, de acuerdo a no sé muy bien que identidad, se había dividido ese Estado.
Y digo esto porque creo que tampoco el mapa actual ha quedado muy claro o muy coherentemente definido.
Por poner algunos ejemplos: da la sensación de que aun no está claro del todo si Cataluña o Catalonia, no entendería, con permiso de los aludidos, que valencianos, baleares o incluso aragoneses, no debieran formar parte de esa identidad. Tampoco parece ser que Euskadi esté conformado por todos los territorios que integrarían la nación Euskalerria porque se habla de un territorio vasco-francés y ahí andan los pamplonicas que unos se sienten vascos y otros no, o los de Vitoria y algunos del norte de Burgos, que por sentimiento nacionalista o por arrimarse al sol que más calienta, no saben si son o quieren ser vascos o castellanos. O Castilla y ¿León?. Atrás, o latentes, han quedado los tiempos en los que los leoneses querían independizarse de Castilla y León porque el reino de León tuvo su identidad histórica y poco o nada parecía tener en común ni cultural ni económicamente con la Soria fría cabeza de Extremadura, con la monumental Segovia o la amurallada Ávila, pero la cosa, quedó así. ¿Y que me decís de las Comunidades Autónomas Uniprovinciales?: La Rioja, Cantabria, Murcia, Madrid, Asturias... Vivir para ver!!!
Pero en fin, para bien o para mal, así se fueron conformando nuestras estructuras políticas y sociales y así se fueron configurando mini estados que pugnaban por su autonomía, cuando no su independencia, y exigían más y más competencias, más y más autogestión y más y más financiación. Porque en honor a la verdad, un poquito caro si nos está saliendo en general, máxime cuando el Estado Central cedió soberanía y competencias pero solo en teoría porque sus estructuras políticas se mantuvieron prácticamente intactas mientras que lo que proliferó, como setas en un otoño cálido después de la lluvia, fueron los escaños y los asientos en los que colocar políticos y amiguetes.
Así las cosas, las necesidades de los que fueron españoles seguían siendo las mismas, como también seguían siendo los mismos los medios económicos para la financiación del conjunto de la población, pero los gastos que conllevaba la burocracia, probablemente se habían multiplicado por diecinueve.
No importaba, ¡todo por el derecho de los pueblos a su lengua, a su identidad cultural y a la autogestión de sus propios intereses económicos!. Se suponía que todo ello iba a redundar en una mayor y mejor prestación de servicios y una mayor y mejor calidad de vida para todos los ciudadanos que conformaban la delimitación territorial denominada España y que además, parecía garantizar que en todos y cada uno de aquellos territorios, todos los ciudadanos gozarían de los mismos derechos.
Se suponía, claro está.
Pero mira tu por donde ¡allende nuestras fronteras! se iba fraguando la idea de una Europa Unida.
Al principio, me reí. ¿como iban a querer y a permitir todos aquellos políticos y ciudadanos que estaban luchando por su propia autonomía y su propia autogestión pertenecer a un macro Estado si ni siquiera querían pertenecer al Estado español? ¿Como casar las identidades de tantos ciudadanos, de tantos pueblos, de tantas ciudades, de tantas regiones, de tantos países, cuando aquí todavía seguíamos peleándonos por qué lengua hablar o qué lengua enseñar o por quien había de tener la competencia sobre nuestros ríos o nuestros montes? Si no nos sentíamos españoles en España, ¿como íbamos a sentirnos europeos?.
Pero nos convencieron. Europa nos iba a dar la financiación que España necesitaba y con esa financiación, España iba a crecer y a ponerse a la altura de sus socios europeos. Y España dejaría de ser África. Y Europa no acabaría en los Pirineos. Y dijimos -o nuestros representantes políticos dijeron- ¡sí! a la entrada en la Unión Europea.
Y como éramos pocos, parió la abuela.
Nuevos horizontes se les abrieron a aquellos representantes en lo que a asientos se refiere -con lo que ocupar un asiento conlleva: trabajo a costa del erario público, privilegios y contactos, y, aquello de (porque, todo hay que decirlo) ponme donde haya que yo ya... -. Y sí, el dinero empezó a llegar a España a raudales.
Y llegaron los Fondos Europeos de Desarrollo Regional y los Fondos de Cohesión para que España se pusiese a la altura de los países ricos de Europa, promotores e impulsores -generosos ellos- de una solidaria unión para que el resto de Europa fuesen, al menos, tan ricos y prósperos como ellos. A cambio, sólo teníamos que ceder a ese macro Estado parte de nuestra soberanía. Cambiamos la peseta por un euro fuerte y las burbujas comenzaron a crecer como la espuma.
Y la soberanía que un vasco, un catalán o un andaluz, no quería ceder a España, se iba cediendo a la gran Unión mediante los Tratados que se firmaban en nombre del Estado español. Y a todo esto, todos o la gran mayoría de los políticos, nacionalistas o no, de izquierdas o de derechas, presentándose como candidatos y aplaudiendo la llegada de aquel dinero que habrían de gestionar, con el consecuente poder y las consecuentes oportunidades de negocio y, visto lo visto, por que no decirlo, de “trincar”.
A cambio de aquella financiación que se gastó en forma de subvenciones para que en España se dejara de producir y en forma de grandes inversiones en infraestructuras de las que sobra decir quienes fueron los mayores beneficiados, España, que ya no era una, dejó también de ser libre.
Por descontado, no se igualaron nunca los salarios que cobraban los europeos con los que cobraban los españoles y ni que decir tiene que si Andalucía con las autonomías siguió siendo de las Comunidades Autónomas más pobres de España, España, junto con Grecia y Portugal, a pesar de la entrada en la Unión Europea, siguió siendo una de las parientes más pobres de Europa.
Yo lo que creo es que, de alguna manera, a los ciudadanos de a pie nos han tomado el pelo, la verdad.
Han utilizado el divide y vencerás para decirnos que en España somos todos diferentes y tenemos distintos intereses para ahora vendernos que en Europa somos todos iguales y tenemos los mismos intereses y, por descontado, los mismos derechos. ¿Acaso no veis una enorme contradicción?.
Creo que nos han tenido entretenidos con nuestras diversidades culturales y nos han enfrentado con asuntos de lenguas y de banderas.
Creo que nos han expropiado el trabajo y con él, el sustento y el control del mismo que nos hubiera permitido sobrevivir como sociedad, ya fuese como nación, ya fuese como pequeño pueblo.
Y creo que han sido, por encima de todos nosotros y de nuestros gobiernos, los grandes intereses de las grandes empresas, de los grandes magnates, de los grandes capitales de este mundo que pretenden -si no lo hacen ya- dirigir Europa, América y Oceanía y van -si no lo han hecho ya- a por Asia y África. Desde luego que es mucho más fácil hacerlo desde grandes entidades como la Unión Europea que intentando convencer uno por uno a cada uno de los grupúsculos que conforman el Planeta.
Para ello es imprescindible mantenernos entretenidos y manejados a través de los medios de comunicación en su poder y hacernos sentir más divididos que nunca con ideologías políticas, banderas, religiones y diversidad a fin de que no tengamos ni siquiera la sospecha de que las cosas podrían ser diferentes si nos uniésemos como sociedad para defender, ya casi para luchar, por detentar nuestros derechos más básicos y satisfacer nuestras más elementales necesidades, que a la postre y desde que el ser humano existe, son el alimento, el cobijo, la salud y la oportunidad de aprender como sobrevivir cada día mejor y en condiciones de mayor dignidad, de dignidad para todos, no solo para los más fuertes o los más poderosos.
Las pautas, se repiten. Conquista de una supuesta democracia que con las leyes adecuadas nos consiga convencer de que existen los derechos y la libertad. Crear necesidades y deudas con los que ostentan el capital que nos hipotequen para toda la vida y servir como sociedad a sus intereses que consisten en multiplicar su poder y su capital aunque tenga que ser a costa de la miseria de la gran mayoría de la humanidad.
Lo que quiero que quede claro, es que no soy anti comunidades autónomas ni anti nacionalismos ni anti diversidad ni anti nada de nada que sirva para que la sociedad pueda convivir en paz y con libertad. Más bien, todo lo contrario: soy a favor de las personas, de la mayoría social, aquí en África o en Afganistán; soy a favor del derecho de cada ser humano que nace en este planeta a sobrevivir con dignidad; soy a favor del respeto, de la solidaridad y de la humanidad.
Por eso es que intento ser consciente de la manipulación de quienes detentan el poder del capital y lo usan en su propio interés, políticos mercenarios incluidos, y no para el interés de la mayoría.
Y tal vez es cierto que la libertad será cada día más difícil de lograr porque el dinero, que en este sistema suyo todo lo puede, cada día está más en sus manos y menos en las nuestras.
Sólo pretendo que la sociedad piense, no importa si -como yo- se equivoca en sus juicios o no. Lo que importa es que la mayoría de los que habitamos este planeta no nos condenemos por siempre a perecer como seres humanos sin derechos y sin dignidad.
Vota con consciencia y con conciencia, solo eso te pediría.
Y vota a quien creas que puede cambiar lo que funciona mal o al menos lo que no te gusta como funciona porque los resultados que está produciendo a una gran mayoría de la sociedad, son para echarse a llorar.



domingo, 23 de marzo de 2014

DE MAL EN PEOR

Hay días en que una cree estar viviendo una realidad paralela y hoy es uno de ellos.
Ayer, como había decidido prácticamente desde que tuve conocimiento de la convocatoria de las “Marchas de la Dignidad”, acudí a Madrid a mostrar mi indignación por las políticas que se han llevado a cabo en este país desde que la amenaza de la crisis empezó a sobrevolar nuestras cabezas.
Mi sentimiento era de esperanza, ilusión, pero también de cautela emocional, pues no habría sido la primera vez en la que me hubiera forjado una idea de cómo debería de ser y sería la protesta y me hubiese llevado una gran decepción.
Sin embargo, no fue así esta vez, más bien casi podría decir que la concentración superó incluso mis mejores expectativas.
Allí estábamos cientos de miles de personas en el Paseo del Prado intentando avanzar y sin poder hacerlo por la ingente cantidad de manifestantes indignados que, sumados a los de la capital, habíamos llegado a Madrid.
He de reconocer que no soy persona de aglomeraciones y que, por un momento, estuve tentada de abandonar el centro de la manifestación, pues la concentración de personas por metro cuadrado era tal, que casi sentía que me faltaba el aire para respirar y llegue a sentir incluso ansiedad.
Por circunstancias personales y casualidades de la vida, hicimos la marcha con aquellos que habían acudido a la misma desde el País Vasco, ya que, más o menos, la gente se sumaba a la marcha por colectivos o por comunidades autónomas. Casualmente, delante de mí, los compañeros que habían acudido desde la Comunidad Valenciana, entre consigna y consigna, estallaban alguno que otro de los escasos petardos, resaca de las recientes fiestas falleras.
El ambiente, inmejorable, consignas en diferentes lenguas y banderas de todo color y condición, con una misma sintonía: techo, pan y trabajo; la defensa del derecho de todos los ciudadanos a vivir con dignidad. Próximos a nosotros, abanderados de Izquierda Unida de Andalucía y distintos movimientos sindicales y a nuestro alrededor, una multitud de ciudadanos, imagino que madrileños q nos adelantaban por la derecha y por la izquierda a fin de conseguir llegar a Colón. Una preciosa imagen de España, unida por sus derechos, que a aquellos que tanto defienden la unidad nacional, poco parece importar.
Al fin conseguimos avanzar, más no todos llegamos juntos a la plaza de Colón. Los compañeros que habían llegado desde Euskalherria con sus ikurriñas al hombro, optaron (y no fueron los únicos) por dar por terminada la manifestación a la altura de Cibeles pues era tanto el gentío que ocupaba ya hacía más de una hora la plaza, que resultaba casi imposible poder llegar. Y dado que habían de coger los autobuses de nuevo para regresar al País Vasco, enrollaron sus banderas y entre abrazos y felicidad, nos despedimos.
No obstante, yo quería llegar a Colón, era la culminación de la marcha y quería hacerla hasta el final, así que, los que íbamos a pernoctar en Madrid, seguimos avanzando con dificultad hasta el escenario en el que los compañeros impulsores y organizadores de la marcha, leían sus discursos entre gritos de #sisepuede y de lucha de la clase obrera.
Una ya tiene una edad y el madrugón y las duras horas de espera de pie sumadas a la lentitud de la marcha, habían hecho mella en mis pies. Las necesidades fisiológicas, porque no decirlo, y la satisfacción de haber cumplido ya con el deber social, nos hicieron optar también por dar por concluida nuestra participación y, aproximadamente sobre las 8 y media de la noche, felices, dejamos atrás la plaza de Colón abarrotada de dignidad.
De lo que pasó después, no me preguntéis en primera persona, pues nada pude ver. Con la batería bajo mínimos, no podía estar en tweeter con la presencia que hubiese deseado, si bien, de vez en cuando, le lanzaba una miradita para poder seguir disfrutando del éxito de la multitudinaria y por supuesto, absolutamente pacífica manifestación que acababa de tener lugar. Como no podía ser de otra manera, por otra parte, dada la calidad humana del 99,9 % que había participado en ella, si no el 100%.
Más mi felicidad, no tardó en hacer aguas. Creo que ni siquiera eran las nueve de la noche, hora en la que aproximadamente tenía previsto concluir el acto en Colón, que ya comencé a ver tweets que informaban de que la Policía había irrumpido en la Plaza. Al poco, hablaban de cargas y poco más tarde, de que intentaban desalojar a quienes habían pretendido acampar en Recoletos, cosa que no dude que pudiera pasar y que tampoco puedo censurar, pues tengo la suficiente humanidad como para comprender que, quienes habían recorrido cientos de kilómetros a pie (parados de larga duración en su mayoría) no se iban a alojar en un hotel; así como que, en la esperanza que para muchos fue aquel #15M de que con unión y solidaridad las cosas podían cambiar, viesen la única posibilidad de terminar con el sufrimiento y la pesadilla que deben ser sus vidas a día de hoy.
De lo que iban a hacer los “Medios de manipulación”, sí que no tenía ninguna duda. Llevaban semanas silenciando la protesta. Tan sólo ante su inminencia, comenzaron, cada uno en su estilo, a posicionarse al respecto: unos mostrando declaraciones como la del Presidente de la Comunidad de Madrid (muy digno él y su gestión de la Sanidad y sus chanchullos en la compra de un apartamento en Marbella), nos llamaba Nazis al puro estilo Amanecer Dorado; otros, destacando el enorme despliegue policial que había de ser llevado a cabo ante el acoso al poder de las hordas comunistas que acudían a Madrid a atentar contra el orden Constitucional y legítimo salido de las urnas; otros, simplemente como si la manifestación que iba a tener lugar (y que medios internacionales cifran en 2 millones de asistentes), fuera algo puramente anecdótico.
Pero la puntilla fue cuando el viernes, en el telediario de Antena 3, anunciaron a bombo y platillo la agonía de Suárez y dedicaron casi 30 minutos de las noticias a hablarnos de él, no sólo de él, sino también de toda su parentela, al más puro estilo “amarillista” y manipulador, lo que no les dejo tiempo suficiente para hacerse eco de la multitudinaria protesta ciudadana que a escasas horas iba a tener lugar en Madrid.
Que yo sepa, y a no ser que se haya conocido la noticia en el rato que me he dedicado a escribir este post, Suárez, sigue aun con vida. Eso sí, agonizando, como tal vez agoniza también la democracia a la que en la transición, y de su mano, creímos acceder.
Tiempo quedará por delante para los homenajes y las críticas, que de todo mostrarán los medios de manipulación.
Yo me quedo con lo positivo. No sé si a muchos de vosotros Jordi Évole, con su “fantástico” #23F, os hizo daros cuenta de lo fácil que es mentir, manipular y engañar pero lo que tengo claro es que, en lo que a la cobertura de la lucha de los ciudadanos por sus derechos y por unas mínimas condiciones de dignidad para las clases trabajadoras y para quienes se ven privados hasta de serlo, la manipulación de la cobertura del #22M en este país, merece un Óscar, que no un Pullizer.
De verdad creéis que votáis lo que creéis y no lo que los medios quieren que creáis.
Que cada uno intente encontrar la verdad como pueda porque no nos la piensan contar.

Y vamos, de mal, en peor.

jueves, 20 de marzo de 2014

#22M Marchas de la dignidad

Se acerca el gran día y siento la emoción a flor de piel. Cada tweet rubricado con el hadastag #22M, es oxígeno que alimenta y purifica la sangre que corre por mis venas.
Porque por mis venas, todavía corre sangre, lo que no parece suceder con la mayoría de la sociedad, y porque estoy convencida de que estoy haciendo lo correcto luchando con dignidad y por la dignidad de todos los seres humanos que habitan este planeta, un planeta que, a pesar de lo que digan los papeles, cada día parece menos una civilización y más una jungla de bestias luchando por la supervivencia. Un planeta en el que alrededor de cada núcleo de ostentosa riqueza, campan millones de miserables pugnando por un pedazo de pan o por un plato de arroz.
Ha sido un trabajo duro, los medios de comunicación no nos lo han puesto fácil, nunca nos lo ponen. En el mejor de los casos, lo silencian y, en el peor, apuntan sus objetivos hacia los mínimos brotes de exaltación para convertirlos en violencia o terrorismo a fin de tirar por tierra cualquier atisbo de justicia que pretenda equilibrar, aunque sólo sea mínimamente, este sistema de desigualdad y de hipocresía; este sistema de abusos del poder del dinero frente a las más básicas necesidades de las personas; este sistema de supuesta democracia que sólo puede funcionar si los ciudadanos acatan y se someten a una legislación que no apunta al respeto de los más básicos derechos humanos sino a la supremacía de unos intereses económicos en manos de unos pocos que controlan a toda la humanidad, sin importarles cuantos millones de seres humanos puedan sufrir con ello. Y para poder lograrlo sin que se note demasiado, se sirven, como no podía ser de otra manera, de unos medios de comunicación financiados por ese mismo sistema que, por tanto, no pueden sino servir, vilmente, a esos mismos intereses, por más que intenten disimular dando cabida a grandes eventos de solidaridad o de supuesta oposición social.
Por eso, debemos empezar a ser conscientes de que no serán ellos los que cambien ese sistema en nuestro beneficio. Muy al contrario, la realidad social apunta a que, cada día, sucede lo contrario. Manipulan la información y manipulan los sentimientos a través de la gran pantalla, de manera que pienses que lo que están haciendo es legal y por tanto justo. Pero hace falta ser muy poco listo para darse cuenta de que nada, absolutamente nada tiene que ver una cosa con la otra.
Lo demuestran cada día legalizando los abusos, aprobándolos en Parlamentos aprovechándose de supuestas mayorías obtenida en las urnas, mayorías que, en el mejor de los casos, son consecuencia de la manipulación, y en el peor, directamente de las mentiras, puras y duras, cacareadas a bombo y platillo durante campañas electorales de consignas populistas en las que todos prometen lo mismo y en el que el único criterio parece ser castigar al último que lo hizo mal o sentirse de izquierdas o de derechas sin que se sepa muy bien, a día de hoy, donde está el centro.
Y así, en España, llevan alternándose en el poder más de treinta años con las nefastas consecuencias que a día de hoy estamos pudiendo contemplar. Llevan gobernándonos desde el “y tu más” décadas, de forma que a ojos de los electores sean los otros los culpables y sin que ninguno de ellos haya asumido ni asuma, ninguna responsabilidad. Muy al contrario, transfieren sus culos de unos asientos a otros, del Congreso al Senado; de los Parlamentos autonómicos al Parlamento Estatal; del Estatal al Europeo; del Europeo a la ONU o al FMI, cuando no a los de los despachos de las grandes empresas para las que sí legislan, a las que sí amparan y favorecen, como a los bancos, porque es así como se favorecen ellos y sus intereses, sin importarles un ápice qué es lo justo para la mayoría de la sociedad.
Mirad sino donde está a día de hoy Felipe González o Rodrigo Rato (¿de verdad somos tan tontos que no lo vemos?). Muy al contrario, los que siempre sufrimos las consecuencias, somos nosotros: los humildes trabajadores; los pequeños empresarios y comerciantes; los funcionarios; todos los hipotecados y endeudados para su enriquecimiento, quienes, cuando vienen mal dadas, somos expropiados de todo: de nuestras viviendas, de nuestros trabajos, de nuestros negocios, de nuestras escuelas, de nuestros hospitales, de nuestras pensiones, de nuestros subsidios, de nuestros más básicos derechos. Y lo que es todavía más duro, están expropiándonos también el futuro de nuestros hijos porque los suyos, lo tienen más que garantizado en el sistema que han creado a su imagen y semejanza, en este sistema que pretenden convertir en su coto privado de caza pero que fue construido con el sudor de nuestros padres y de nuestros abuelos y en el que la mayoría, ahora sólo somos carnaza.
Porque lo peor de todo, no es que todo sea privado y que tengamos que pagar hasta por respirar. Lo peor es cuando se nos niega el derecho a sobrevivir con dignidad porque entre unos pocos se han hecho los dueños de la materia prima, de los medios de producción, de los recursos naturales; y cuando los grandes entre los grandes amasan fortunas mientras los humildes, ni siquiera pueden trabajar para comer.
Y muchos de vosotros, no lo queréis ver. Muchos de vosotros, les creéis, creéis sus mentiras y creéis que nada podemos hacer.
Pero no es cierto, podemos hacer y mucho y eso es lo que queremos la mayoría de los que acudiremos el 22 de marzo a Madrid.
Podemos cambiar las reglas del juego y decirles que no son los amos del mundo por mucho que cada día atesoren más títulos que lo acrediten. Podemos decirles que no toleraremos ningún sistema en el que todas las personas no tengan derecho a obtener su sustento; que no queremos poder ser multimillonarios, sino que lo que queremos es que todos puedan comer, tener un techo y derecho a vivir y a morir con dignidad. Porque se puede conseguir con respeto, solidaridad y con una distribución más justa de la riqueza y porque lo podemos hacer si dejamos de seguirles el juego, si dejamos de ser piezas en su tablero y nos convertimos en una verdadera sociedad en la que prime el interés común al egoísmo individual.
Una sociedad que señale con el dedo a quienes abusan; a quienes explotan; a quienes mienten; a quienes especulan con nuestros alimentos, con nuestra salud, con nuestras vidas; a quienes ganan millones de euros o de dólares o de yenes a costa del sudor de los demás; a quienes fabrican y venden armas; a quienes utilizan las religiones y las ideologías para convertirnos en enemigos, mientras viven en un mundo paralelo.
En vez de eso, señalamos con el dedo a quienes creyeron en su mentira de que podían tenerlo todo si trabajaban duro y a quienes, después de trabajar duro, muy duro, les han robado su puesto de trabajo y se han quedado sin nada. O sin nada y con deudas, que aun es peor.
Es muy fácil. Sólo tienes que pensar que, tal vez te sonrió la suerte y conservas tu puesto de trabajo en un país en el que el 25% no lo tiene y pensar que podías, haber sido tu.

Piensa que hubiera sido de tu vida y de la de tu familia si llevases cinco años sin poder trabajar y no lo dudes, únete al #22M, únete a las #MarchasdelaDignidad, porque no estás a salvo. Hoy en día, con estos buitres sobrevolando nuestras cabezas, nadie lo está.